viernes, 3 de abril de 2009

DESPEDIDA

Estimados alumnos este fue el mail que le envié a la Jefa de Carrera después de los lamentables sucesos ocurridos el miércoles pasado:

Catherine:
Al llegar hoy a la universidad a las 13.30 horas me entero para mi sorpresa y por medio de los alumnos que las clases en el laboratorio de computación se realizan en otra sede de la cual desconozco su ubicación. Obviamente me hubiera gustado manejar antes esa clase de información. Debido a este tipo de señales de improvisación, injustificables a mi juicio dentro de una institución de educación superior seria, he decidido no seguir impartiendo el ramo de Géneros Periodísticos y desligarme de la universidad tras cinco años de permanencia.Espero que comprendas mis motivos
Saludos
Rodrigo Miranda

domingo, 15 de marzo de 2009

GENEROS PERIODISTICOS

Estimados alumnos:

El ramo de Géneros Periodísticos tendrá un sentido práctico.
Será como un taller. Su objetivo es capacitar a los alumnos para desenvolverse en medios de comunicación con éxito. La base del ramo estará en este blog.



El blog será como una especie de medio de comunicación ficticio
donde ustedes publicarán todos sus trabajos
La idea es recrear el funcionamiento de un diario real
En la página www.blogger.com
se deben ingresar las claves: USEK2007 y generos periodisticos

















En la prensa hay tres tipos de géneros periodísticos: informativo, opinión e interpretativo




El género informativo

Son las noticias que aparecen todos lo días en los diarios. Relatos de acontecimientos de actualidad (políticas, económicas, deportivas, sociales, tecnológicas y culturales) que suscitan el interés público. Es una crónica objetiva y describe un hecho sin incluir opinión o valoración del periodista. El periodista tiene el deber de relatar de la forma más clara y con la mayor objetividad y veracidad posible los acontecimientos.

El género interpretativo
Combina la información con la opinión. Reportajes y crónicas interpretativas que poseen enfoques, juicios o tesis personales del propio periodista que deben ser confirmadas por diversas fuentes.

El género de opinión
Corresponde a las editoriales y artículos de opinión. La editorial es el artículo de opinión del periódico (no son firmadas) y los artículos o comentarios de opinión (las críticas de cine, por ejemplo) constituyen el planteamiento personal de quien lo escribe sobre un tema de actualidad del cual es especialista.
















En la crónica informativa
...
El periodista ordena los datos de la noticia según su importancia
Primero los datos más importantes y luego los menos significativos
Se compone de cinco partes: titular, epígrafe, bajada, lead y cuerpo de la noticia.
El primer párrafo del cuerpo de la noticia se llama lead y debe proporcionar al público las respuestas a las llamadas 5 preguntas básicas: Quién, qué, cuándo, dónde, por qué.

Un ejemplo

EPIGRAFE: La Presidente celebró la fecha en el Palacio de La Moneda

TITULO: MICHELLE BACHELET CUMPLE UN AÑO EN EL GOBIERNO

BAJADA: A la ceremonia asistieron todos los ministros y los presidentes de los partidos de la Concertación. La mandataria realizó anuncios para superar crisis por Transantiago.

LEAD: A menos de 24 horas del aniversario del primer año de su gobierno, Michelle Bachelet anunció ayer en el Palacio de La Moneda 23 medidas para solucionar los problemas de la implementación del plan de transportes de la capital. Con ellas, la Jefa de Estado pretende dejar atrás las críticas y revertir la caída en su popularidad y en balance de la gestión del gobierno.



La noticia
es el elemento fundamental del periodismo y su propósito es dar a conocer a las personas los hechos que a ellas les interesan. Pues bien, para que un hecho se transforme en noticia debe tener alguna característica que despierte el interés colectivo. En el ámbito del periodismo, estas características son conocidas como "factores de interés periodístico". Entre ellos, los más importantes son: actualidad, proximidad, conflicto, trascendencia, rareza y factor humano.

- Actualidad: a la mayoría de las personas les interesa estar al tanto del acontecer social oportunamente; todos quieren saber las noticias de hoy, no las de ayer. Sin embargo, es necesario destacar que la actualidad se refiere al momento en que se conoce un hecho y no siempre al momento en que éste se produce. Si hoy se da a conocer el hallazgo de un cuadro robado hace diez años, el pasado se vuelve importante en función de la actualidad.

- Proximidad: las noticias que ocurren en nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país, tienen mayor interés para nosotros que aquellas que suceden en lugares lejanos, a no ser que se trate de hechos excepcionales y que por ello merezcan ser conocidos.

- Conflicto: se refiere a contiendas, pugnas o enfrentamientos entre distintas fuerzas, ya sea en forma concreta o través de conceptos. La mayoría de las informaciones que se difunden en los medios se refieren a conflictos que ocurren, por ejemplo, en el ámbito de la economía, la política, el trabajo o los deportes. En los últimos años, las áreas más conflictivas son las que tienen que ver con derechos humanos y medio ambiente.

- Rareza: lo que se aparta de la rutina, de lo esperado, lo que sorprende por ser algo excepcional también es considerado fuente de noticias.

- Trascendencia: todos los hechos que tienen repercusión en un sector o en la sociedad entera, los que afectan el porvenir, determinan un interés especial por parte del público y por lo tanto, es necesario informar sobre ellos.

- Factor humano: Los hechos que concitan el interés del público son protagonizados por personas y es, precisamente, el drama en que se ven involucradas estas personas lo que le interesa conocer a los demás. Un desastre de la naturaleza, un accidente, la invención de un nuevo medicamento, adquieren mayor significación cuando el centro de la noticia son los seres humanos.


ESTRUCTURA CRONICA INFORMATIVA

El español le dedicó una canción durante su show y el Nacional abucheó

Brutal pifia a Zamorano en recital de Alejandro Sanz

El cantante intentó frenar su metida de pata y encaró a los presentes con un “arreglen sus problemas personales luego”, pero ya era muy tarde.



Sólo bastó que el cantante Alejandro Sanz dedicara una canción a su gran amigo Iván Zamorano para que anoche más de 30 mil personas en el Estadio Nacional pifiaran con furia al deportista-rostro del Transantiago, que estaba en primerísima primera fila del recital junto a su mujer, María Alberó.

Tan evidente fue el reproche masivo que Sanz intentó frenar al instante su metida de pata y encaró a los presentes con un “arreglen sus problemas personales luego” y cambió su sonrisa de niño bueno por un gesto casi de arrepentimiento. Hasta se agarró la cabeza. Pero ya era muy tarde.

“Se lo merece, si está la media escoba con el Transantiago y el perla pasándolo regio en un concierto", reclamó la señora María Soto, una de las miles de almas que inundaron el Nacional.

El público aprovechó que el español dejó la pelota rebotando en el área chica y protestó por casi medio minuto, con un abucheo que se escuchó casi tan fuerte como “Try to save your song”, el tema que Sanz le había ofrendado a su amigote.


La estructura de la nota:

Título
Texto muy breve, claro y preciso que corresponde una síntesis (generalmente en una o dos líneas) de lo que se informa posteriormente. El titular es muy importante, porque a veces es lo único que alcanzamos a leer y en muchas ocasiones es lo único que recordamos de una noticia, aunque la hayamos leído en su totalidad. Todo titular debe cumplir tres funciones: ser atractivo (llamar la atención del lector), informativo (dar cuenta del contenido de la noticia) y ser objetivo (exponer el contenido de la noticia).

Epígrafe
Se ubica antes del título y complementa en una línea aspectos informativos de la noticia que no aparecen en el titular. Se escribe en un cuerpo de letra menor que el título y con un tipo de letra diferente.

Bajada
Funciona como resumen de la nota, pero no debe repetir ninguna información o palabra que esté en el título o en el epígrafe.

Cuerpo:
Tiene cuatro párrafos. Cado uno de una extensión máxima de cinco líneas (con puntos seguidos incluidos). Uno de ellos debe ser una cita a un entrevistado.

El primer párrafo del cuerpo o texto de la noticia se llama lead.

OCHO TIPOS DE LEADS

1. SUMARIO
Es el lead tradicional, que responde a todas las preguntas de la noticia.
¿Qué? El hecho, lo que sucede o sucedió.
¿Quién? Protagonista o sujeto de la información
¿Cuándo? (día, hora, minuto, año)
¿Dónde? Sitio, lugar en que se produjo el hecho.
¿Cómo? La forma en que ocurrió.
¿Por qué? Causa de lo que ha pasado.
También responde al ¿Para qué?
Ejemplo: 28 pasajeros y cuatro tripulantes resultaron muertos anoche, al estrellarse, a 24 kilómetros al sur de Osorno, un avión Boing 707 de la compañía Air France.

2. IMPACTO.Una frase breve y rotunda. Para impresionar y capturar al lector.

Ejemplo: Todo era mentira. No había enfermos, camas ni doctores. La inauguración del Hospital de Curepto de enero pasado fue un montaje, ya que el centro médico todavía no estaba listo para abrirse al público. La revelación fue producto de una investigación del diario El Mercurio.

3. RETRATO.Es la descripción detallada sea del lugar, de la persona, del ambiente relacionados con la noticia.
Ejemplo: Radiante, vestida de riguroso blanco y con un traje que emulaba una indumentaria militar, en homenaje a su fallecido padre, ayer en el Palacio de La Moneda la socialista Michelle Bachelet se convertió en la primera mujer presidente del país.

4. CONTRASTE.Es el que presenta dos extremos opuestos.
Ejemplo: Hasta ayer Eugenio Pérez centraba toda su preocupación en conseguir que su sueldo de 100 mil pesos le alcanzara para llegar a fin de mes y alimentar a su familia compuesta por cinco personas. Hoy está preocupado pensando lo que hará con los 1.150 millones de pesos que se ganó en el Kino.

5. INTERROGANTE.Consiste en una pregunta impactante.Ejemplo: ¿Ya hizo su declaración de impuestos? Si no lo ha hecho debe darse prisa. Mañana por la noche finaliza el plazo para realizar el proceso por internet. A partir de pasado mañana, los trámites deberá realizarlos físicamente ante notario.

6. AMBIENTE. Son las circunstancias o el trasfondo.Ejemplo: Con los muros levemente iluminados del Palacio de La Moneda, ayer la socialista Michelle Bachellet se convirtió en la primera mujer presidente del país.

7. CITA. Es una frase que sobresale de un discurso.Ejemplo: “Por qué no te callas”, dijo ayer el Rey de España Juan Carlos I en la reunion de la OEA cuando el presidente de Venezuela Hugo Chávez criticó a ex mandatario hispano José María Aznar por su apoyo a EE.UU y la guerra contra Irak.

8. EXTRAVAGANCIA. Es la apertura original, basada en la curiosidad de su contenido: rimas, bromas, juegos. Ejemplo: ¡Plop! Exigo una explicación. Con esa frase de Condorito la oposición pidió ayer una explicación al Gobierno al enterarse que la inauguración del Hospital de Curepto fue un montaje.

Todos los tipos de lead responden a las preguntas fundamentales de la noticia, de una u otra manera.


LA ENTREVISTA


La entrevista es la base de todo desempeño periodístico.
La inmensa mayoría de las informaciones que obtenemos han tenido como base una entrevista, un encuentro entre el periodista y la fuente, que puede ser un encuentro colectivo (en el caso de las conferencias de prensa) o personal. La entrevista es la materia prima del periodismo. Es hora de salir entonces al mundo exterior, encarar la realidad y obtener una información que en principio es solo nuestra. Una entrevista en exclusiva. Es decir, estaremos a solas con el entrevistado. Por lo menos, serán 30 minutos de conversación.

La entrevista en el género informativo tiene diferentes modalidades

(según su estructura)
Entrevista pregunta-respuesta: se lleva a cabo a través de un cuestionario que puede estar preparado con anterioridad o ser improvisado en el momento. La entrevista puede ser pactada o informal, a la salida de una conferencia de prensa. Es un diálogo simple entre periodista y entrevistado. Periodista pregunta y entrevistado responde. Empezamos por escribir textualmente lo que nos dice el entrevistado. El orden periodístico de las preguntas y respuestas no tiene por que coincidir con el orden cronológico real de la entrevista, es decir, del diálogo que tuviste con la fuente.
Ejemplo: Entrevista a Nicanor Parra
Periodista: ¿Le gustaría ganar el Premio Nobel?
Entrevistado: "Prefiero ganarme el Kino"

Entrevista literaria o en tercera persona: tiene un aire de mayor libertad que la anterior. No hay preguntas y respuestas. Todo está en boca del periodista, quien narra lo que ocurrió en la entrevista y lo que contó la fuente siempre en tercera persona.
Ejemplo: Entrevista a Nicanor Parra
Mientras toma una taza de té, el antipoeta Nicanor Parra cuenta que ya no le interesa recibir el ansiado Premio Nobel de Literatura, al cual ya ha sido nominado en varias oportunidades. "Prefiero ganarme el Kino", dice desde su casa en Las Cruces.

(según su contenido)
Entrevista de declaraciones: lo que importa es lo que dice el entrevistado de gran relevancia o una autoridad sobre un tema de contingencia y actualidad.
Por ejemplo, la última o nueva declaración de la directora de la ONEMI sobre la erupción del volcán Chaitén. Puede ser de pregunta respuesta o literaria.

Entrevista de perfil humano. Por ejemplo, las anécdotas o historias de vida del locutor de una radio de Chaitén que no dejó de transmitir su programa y fue el último en ser rescatado del pueblo luego de la erupción. Puede ser de pregunta respuesta o literaria.


Pasos a seguir en una entrevista:
-Elección de entrevistado
-Conseguir el entrevistado
-Investigar a fondo al entrevistado a través de material de archivo o internet
-Creación de un cuestionario
-Realizar la entrevista
-Transcribirla

miércoles, 29 de octubre de 2008

En 1898 nace el PERIODISMO DE OPINION

En 1894, Francia se divide por una investigación de espionaje alemán. Alfred Dreyfus, un capitán de ascendencia judía es condenado a prisión y es degradado en un proceso irregular. La condena basada en pruebas falsas se originó en una serie de encubrimientos en los altos mandos, el verdadero responsable fue absuelto y la opinión pública alimentada por el fanatismo antisemita finalmente ratifica el veredicto.En 1898, el famoso escritor Emile Zola toma partido desde el diario Le Figaro, convencido de la inocencia de Dreyfus; se enfrenta a la opinión pública y el diario le cierra sus puertas. Zola asume costos y riesgos, y afirma "la verdad esta en marcha y nada ni nadie podrá detenerla". El capitán Esterhazy, el verdadero traidor, es absuelto y aclamado en una parodia de juicio. Zola dirige una carta abierta al presidente Faure publicada desde el diario L'Aurore el 13 de enero de bajo el título de J'Acusse ('Yo Acuso'), sus fulminantes efectos dividirán a Francia durante décadas. El diario que dirige George Clemenceau ha puesto en la calle una tirada de 300.000 ejemplares operando al máximo de sus posibilidades y agota su edición en pocas horas. Es el inicio del periodismo de opinión.

En este género los periodistas dan su opinión sobre temas diversos de la actualidad, esto se hace a través de columnas y artículos. Muchas veces, la opinión está a cargo de un especialista que es un amplio conocedor del tema, por ejemplo, la crítica literaria. Pero hay diferencias entre crítica, editorial y columna

El editorial es el género mediante el cual la publicación (el diario, la revista) da a conocer sus puntos de vista sobre ciertos acontecimientos de la realidad actual. Suele aparecer en un sitio fijo y no suele estar firmado, ya que la empresa es la que se responsabiliza por la publicación.

Los editoriales tienen un estilo sencillo, y su discurso es argumentativo, es decir, intentan convencer al lector de una hipótesis determinada recurriendo a ejemplos o comparaciones. También es frecuente utilizar invocaciones que involucran al lector como por ejemplo: "Ud. ya se debe haber percatado de" y recursos similares.

La columna es un espacio fijo y periódico en un medio. Generalmente está a cargo de un periodista, pero también puede ser escrita por un especialista como por ejemplo o médico o un deportista. Normalmente una columna tiene el objetivo de mostrar puntos de vista ante una noticia y pude expresar un punto de vista diferente al editorial.

Cuando el objetivo del texto es el de dar una opinión, se supone que se debe dejar en claro que no trata de información objetiva. De ahí que los textos de opinión suelen estar diagramados de un modo especial o en una tipografia diferente, a menudo se subtitulan como "opinión", "crítica" o "editorial".

La crítica especializada, consignada a un conocedor de un tema o un hecho específico (un libro, un recital o una ópera, puede ser o no sobre una noticia), implica generar comentarios de temas que requieren de alguna manera una preparacción especial, por ejemplo, las críticas de libros realizadas por Camilo Marks en El Mercurio los domingo.


jueves, 4 de septiembre de 2008

La importancia de Truman Capote

Truman Capote, que, hacia fines de 1959, leyó en The New York Times acerca del asesinato a mansalva de los esposos Clutter y sus dos hijos en Holcomb, Texas, tuvo una epifanía: ese "asesinato múltiple y sus consecuencias" sería el tema de su próximo libro.Ya conocemos el resultado: la publicación, en 1965, de su obra maestra, A Sangre Fría.Truman Capote está hoy en todas partes. Capote, una película que es una suerte de making of de A Sangre Fría, acaba de estrenarse -con una excelente actuación de Philip Seymour Hoffman y Catherine Keener-, y en unos meses se estrena otra, Infame (con Toby Jones y Sandra Bullock en los papeles de Capote y Harper Lee). Hace poco se publicaron los Cuentos Completos, y semanas atrás Summer Crossing, la novela que Capote comenzaría a escribir a los 19 años y que luego abandonaría para escribir su primera gran obra, Otras Voces, otros Ambitos. También hay novedades en la novela gráfica: Capote in Kansas, de Ande Parkes y Chris Samnee.Hay varias razones para entender la sorprendente ubicuidad de Truman Capote hoy. Una de ellas tiene que ver con el hecho de que el género que él inventó, la "novela de no ficción" o Nuevo Periodismo, es cada vez más importante. En la segunda mitad del siglo XIX, un escritor norteamericano llamado Edgar Allan Poe soñó buena parte de la literatura del siglo XX al inventar el género policial y el género del horror. Se puede, arriesgando un poco, argumentar lo mismo acerca de la importancia de Capote: en la segunda mitad del siglo XX soñó buena parte de la literatura del siglo XXI al inventar la "novela de no ficción". Por supuesto, el siglo XXI recién comienza y es inútil especular qué caminos tomará su literatura.Las tendencias, sin embargo, indican que, sea cual fuera el camino que tome, uno de ellos tendrá a A Sangre Fría como punto de partida.En Capote, el escritor le dice a su editor en The New Yorker, William Shawn, que a partir de ese libro los lectores lo verían de otra manera. Shawn le responde que a partir de ese libro se escribiría de otra manera. ¿Algo exagerado? Cuatro décadas después, no tanto. La "novela de no ficción" es apenas un género de la cada vez más respetada y diversa "literatura sin ficción". Es difícil pensar que hubo una época en que esta literatura no era tomada en serio. Este año hubo, incluso, un escritor de no ficción en la lista de finalistas al Nobel (Richard Kapuscinski). En la literatura contemporánea en español, nombres notables como los de Juan Villoro, Martín Caparrós e Ignacio Martínez de Pisón han escrito sus mejores obras "sin ficción", y no es casualidad que el gran Rodolfo Walsh de Operación Masacre sea un escritor cada vez más relevante. Entre paréntesis: hubo muy buena literatura sin ficción antes de Capote, pero A Sangre Fría marca un antes y un después. Y está claro que la "no ficción" absoluta es imposible: siempre se cuela por allí, incapaz de dejar que prescindamos de ella del todo, la ficción (por ejemplo: hubo varios detectives que se ocuparon del caso Clutter, pero en A Sangre Fría, en procura de darle mayor claridad narrativa al libro, Capote sólo se ocupa de Alvin Dewey). Ese es tema para otro artículo.Hay otras razones para entender la importancia de Capote hoy.Por ahora, menciono una más: A Sangre Fría es uno de los libros que explora de manera más profunda y abarcadora el lugar que ocupa la violencia en la sociedad norteamericana. Este tema ha atareado últimamente a grandes directores (Lars von Trier en Dogville, David Cronemberg en Una Historia de Violencia) y escritores (Cormac McCarthy en No Country for Old Men). Todos ellos tienen algo que decir, pero ninguno roza la grandeza de A Sangre Fría.Por eso, cuando uno lee en los periódicos sobre el asesinato de los padres de Kara Borden y sobre el adolescente asesino David Ludwig en un pueblito de Pennsylvania, se pregunta cuál será el próximo hecho violento que hará olvidar a Kara y sus padres y David, o si estos personajes de un drama harto familiar en los Estados Unidos encontrarán por ahí a su Capote, alguien que sea capaz de condensar en la historia de sus vidas y sus muertes la tragedia de un gran país signado por la violencia.

No es fácil definir a Truman Capote. Algunos lo recuerdan como aquel hombrecillo chillón y estrafalario que traicionó a sus amigos ¿la crema y nata de Hollywood y de la intelectualidad neoyorkina- revelando los más escandalosos secretos en sus libros y artículos. Otros lo asocian automáticamente a la novela A Sangre Fría, obra que inauguró el género de la novela de no ficción y que se transformó en, tal vez, el mejor retrato de la violencia crónica de los Estados Unidos.Pocos lo evocan como lo que realmente fue: el más talentoso escritor norteamericano de la segunda post guerra, dueño de un estilo y un ritmo narrativo privilegiado que ningún otro contemporáneo suyo poseyó. Pero tal vez la aproximación más exacta sea la que el mismo Truman formuló: "Soy un alcohólico. Un drogadicto. Un homosexual. Soy un genio".Por estos días, la película Capote revive una de las aristas de su poliédrica vida y obra: la que circunda la investigación y redacción de A Sangre Fría, novela que lo consagró, que lo hizo millonario y que también lo condenó.La elección del tema fue, a todas luces, un acierto del director Bennett Müller. La cinta fue bien recibida por la crítica y el público, y el actor Phillyp Seymoutur Hoffman se hizo acreedor del Oscar a mejor actor, por su notable -e imposible- caracterización del enfant terrible de la literatura norteamericana.

Crimen en Kansas

Una mañana de noviembre de 1959, Truman se topó por casualidad con una noticia que cambiaría su vida. En Holcomb, Kansas, un acomodado agricultor, su esposa y sus dos hijos adolescentes (Nancy y Kenyon) habían sido asesinados en su propia casa, a balazos. Los crímenes no tenían móvil aparente y, en un primer momento, no se encontraron pistas que permitieran identificar a los responsables.Gerald Clarke, autor de Truman Capote: la biografía, investigación que sirve de base a la película-, sostiene que, tras leer el artículo, se dio cuenta que eso era lo que había estado buscando por años. "Al leer y releer aquellos escuetos párrafos, Truman advirtió que un crimen semejante era un tema totalmente ajeno a él, un hecho que no podía modificar. Incluso el lugar, una parte del país que le era tan extraña como la estepa rusa, tenía un perverso atractivo. Todo le parecía un descubrimiento", explica. A Capote le inquietaba más que el crimen mismo, la psicosis de terror y desconfianza que podía causar en una comunidad pequeña y aislada, marcada por la monotonía. Llamó entonces al editor de la revista The New Yorker, William Shawn, y le propuso escribir un artículo sobre el tema. Shawn aprobó la idea y casi en el acto Truman se trasladó a Kansas acompañado por Nelle Harper Lee, una amiga de infancia que haría las veces de su asistente.Pero las cosas no fueron fáciles en Holcomb. Su excéntrica apariencia, sus amaneramientos y su voz chillona tuvieron, en palabras de la misma Nelle, el mismo efecto que habría causado un marciano. Pero en la Navidad de ese año su suerte comenzó a cambiar, cuando una conocida familia local los convidó a su casa a pasar la Nochebuena. "Ni que decir tiene que Truman monopolizó la conversación" recordaba la anfitriona-. "En cuanto te olvidabas de esa voz de pito, desaparecía toda molestia. Lo que decía era como si llegase de otro mundo, y nos parecía fascinante". De pronto, invitar a Truman se volvió una moda. Su habilidad innata para conseguir simpatías de desconocidos, había comenzado, por fin, a rendir frutos.El Capote novelista comenzó, entonces, a convertirse en algo que nunca buscó: un paradigma del periodismo. En su nuevo rol, trató de reconstruir la realidad de la manera más fidedigna posible y, para hacerlo, sus únicas armas fueron la observación y el reporteo, realizados con la más extrema acuciosidad. Gerald Clarke explica el procedimiento del que se sirvió: "Ni una sola vez verían a Truman o a Nelle tomando notas. Él tenía la teoría de que ver un block o, peor aun, una grabadora, inhibía la espontaneidad. La gente sólo se mostraría tal cual era durante las conversaciones aparentemente casuales. Cada uno de ellos escribía una versión distinta de las entrevistas del día, y luego comparaban sus notas durante la cena. Cuando les fallaba la memoria a los dos, volvían a preguntar lo mismo de una manera ligeramente distinta. Llegaron a hablar con la misma persona hasta tres veces durante un mismo día".

Amistades peligrosas

En eso estaban cuando se produjo la detención de los asesinos; un hecho que cambió radicalmente el carácter del proyecto. En el momento en que se produjo la captura de Dick Hickock y Perry Smith (el 30 de diciembre), Truman estaba terminando de recopilar testimonios para un relato que, en un principio, iba a ser breve. Pero con los homicidas identificados y tras las rejas, ese material no serviría de nada, si no conseguían entrevistar en profundidad a los criminales.Para hacerlo, Truman debió mover todas sus influencias, y sobornar a más de una autoridad. Después de varios intentos consiguió, por fin, carta blanca y libertad de acceso para entrevistarse con los inculpados. De ese modo pudo cultivar una relación con Hicock y Smith, en especial con este último, con quien intercambió correspondencia y desarrolló una por momentos- extraña complicidad.El escritor creía ver en este hijo de una cherokee alcohólica y de padre irlandés, todo lo que el mismo pudo llegar a ser, si hubiese tomado una serie de decisiones incorrectas. Su madre también era alcohólica, a su padre sólo lo vio un par de veces en toda su infancia y pasó su temprana adolescencia en algo parecido a un orfanato: una escuela militar, donde sus modales le hacían blanco fácil de los abusos de sus compañeros.Pero tal vez la semejanza que más los acercaba era su pequeña estatura. Smith era un tipo robusto, pero un accidente deformó y acortó sus piernas, de manera que sólo era un par de centímetros más alto que Truman.Su personalidad ofrecía también un perfil fascinante. Devoraba los libros que llegaban a sus manos, y subrayaba las palabras que no entendía, para ampliar su vocabulario y para luego emplearlas (casi siempre de manera incorrecta) en sus conversaciones y cartas. Se creía amable y considerado. Antes de asesinar al agricultor Herbert Clutter, acomodó su cuerpo en un colchón, preocupado por el frío suelo del sótano, y luego procedió a degollarlo sin emoción. "Pensé que era un señor muy amable. Muy educado. Lo pensé incluso cuando lo degollé", le confesó a Truman.Cuando Perry culpaba a su desgraciada niñez por todo lo que había hecho, Capote le respondía indignado que él había tenido una de las peores infancias del mundo, y que sin embargo era "un ciudadano bastante decente y respetuoso de la ley". Una opinión que, hacia el final de su vida, no muchos compartían. Tal vez ni el mismo.

La horca y el látigo

La espera de cinco años que demandó A sangre fría terminó por agotarlo y sumirlo en algo más que una depresión. Sentía un vínculo real con Dick Hickock y Perry Smith, y decía conocerlos tanto como a sí mismo, pero las constantes apelaciones y medidas dilatorias, terminaron con su paciencia. El libro no se publicaría, y el tan anhelado reconocimiento no llegaría sin la horca de por medio. Finalmente, la ejecución fue programada para el 14 de abril de 1965.Perry le imploró a Truman que intercediera por ellos para conseguir un aplazamiento, a lo que el escritor contestó, con un escueto telegrama: "No puedo visitarte hoy porque no está permitido. Tu siempre amigo, Truman". Por supuesto, mentía, y los condenados se dieron cuenta. "Perry y Dick fueron ejecutados el martes (...) Fue una experiencia terrible. Algo por lo que no quiero volver a pasar. Un día te contaré. Si puedes soportarlo", escribió a un amigo.Gerald Clarke cuenta que para Capote este caso y su desenlace le provocaron un insoluble y doloroso dilema moral. Sin embargo, el monumental éxito que alcanzó la novela desde el primer día de su publicación, le hizo olvidar pronto ese sinsabor. Un año más tarde, Truman ofrecía, para celebrar su éxito, la fiesta más glamorosa y despampanante del siglo: el Baile en Blanco y Negro. Un evento de máscaras donde asistió lo más selecto del Jet Set estadounidense y europeo. Henry Fonda, Henry Ford, Lauren Bacall, Frank Sinatra, Mia Farrow, Andy Warhol y muchos más, dieron vida a una fiesta que muchos compararon con las que daban los emperadores en la decadencia del Imperio Romano.Veinte años más tarde, en el ocaso de su vida, solo y virtualmente desterrado por el jet set y la clase alta, Truman evocaría, una y otra vez, todas las traiciones que tanto le costaron, y que sin embargo le permitieron construir una obra, tal vez inmortal. En el prólogo de Música para Camaleones, una de sus últimas publicaciones, da cuenta de ese conflicto existencial: "Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación. Mientras tanto, heme aquí solo, sumido en mi oscura locura, completamente solo con mi mazo de naipes y, por supuesto, con el látigo que Dios me dio".

Realidad y ficción. Las técnicas de un camaleón.

Lo que más impresiona de A Sangre Fría no es la incorporación de técnicas revolucionarias o de recursos rupturistas. Por el contrario, el libro fue escrito en una tercera persona clásica, en la que el autor se margina absolutamente de la acción, pese a que en muchas ocasiones fue parte de ella. Lo que sí hace de esta obra una pieza única en su tipo, es el tratamiento de la información en un relato que pretende ser el fiel reflejo de una historia verídica.Con esto quiso demostrar que el relato no imaginario puede ser tan ingenioso y original como la ficción pura. En su opinión, la razón de que el periodismo fuese considerado como un género menor estribaba en que casi siempre lo escribían reporteros poco preparados para explotarlo. "Sólo un escritor que domine completamente las técnicas narrativas puede elevarlo a la categoría de arte", confesó en una entrevista de la época.Se jactaba de que A Sangre Fría podía estar escrita como una novela, pero que aún así era "impecablemente verídica". "Uno no puede pasarse casi seis años en un libro cuyo objeto es reflejar los hechos con exactitud, para luego permitirse la menor distorsión", alardeaba.Con todo, acusa su biógrafo, Capote se permitió algunas licencias. No quería poner el punto final de su libro en las ejecuciones. Debía terminar con una escena un poco más alegre, a modo de epílogo. Pero como en los hechos no pudo sacar ninguna feliz conclusión, se sintió obligado a inventarla: un encuentro casual en el cementerio entre el agente que investigó el caso y Susan, la mejor amiga de la asesinada Nancy Clutter. El mensaje es claro... la vida continúa, incluso entre los muertos.

viernes, 22 de agosto de 2008

PERIODISMO INTERPRETATIVO y LA REVISTA TIME

"Interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido a los hechos noticiosos que llegan en forma aislada. Situarlos en un contexto, darles un sentido y entregárselo al lector no especializado. Por exigencia profesional, además, esta interpretación debe tratar de prescindir de opiniones personales, debe basarse en hechos concretos y opiniones responsables y que sean pertinentes y debe ser presentada en forma amena y atractiva".

"Los periodistas no sólo reproducen lo que ven y oyen, ejercen también una investigación sobre lo acontecido porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y política concreta. Los hechos no surgen aislados de una realidad más amplia, se insertan en ella..."

El Periodismo Interpretativo nace cuando Briton Hadden y Henry Luce crearon la revista Time en EE.UU. con el propósito de "organizar, clasificar y explicar las noticias de la semana". La idea fue y sigue siendo la misma: darle al lector el "hilo conductor" de los acontecimientos, poner ante sus ojos la intrincada red de los hechos noticiosos que día a día fueron ocurriendo durante la semana, pero que al final de ese período se enlazan o entretejen.

La fundación de este semanario en la década de 1920 coincide con el impacto de la avalancha informativa por causa de los avances tecnológicos. La cantidad de datos que llegaban al lector era preocupación primordial de los medios de comunicación en EE.UU. La necesidad de organizar y dosificar los contenidos que llegaban al público, sin omitir ninguna parte del espectro noticioso, se hizo evidente. Fue después de la Primera Guerra Mundial cuando los hombres de prensa, al examinar sus productos y las necesidades del público, se dieron cuenta de que algo faltaba. Su búsqueda se vio estimulada cuando, en 1923, dos jóvenes de escasa experiencia periodística pero de amplia visión "inventaron" la revista Time, que se fundó para mostrar el alcance de las noticias, su interpretación, sus implicancias ocultas, su nueva dimensión.

Hacia 1930, esta modalidad se había consolidado en los medios norteamericanos y se concluyó que la "interpretación" era la ilustración de la información a partir de la "presentación de las circunstancias del suceso objeto de la noticia" sin dar opiniones personales sobre ésta para el lector, pero dándole los elementos para que él mismo la evalúe.

Desde la aparición en los Estados Unidos del Periodismo Interpretativo, numerosos fueron los críticos. La cuestión principal era la siguiente: no hay ninguna persona capaz de hacer una interpretación sin que una buena dosis de sus actitudes personales graviten sobre ella.

Los periodistas que practicaban el Periodismo Interpretativo en esa época sólo retrucaban que la objetividad absoluta ante los hechos era imposible, pero que ello no obstaba para dejar de intentarlo.

En el Periodismo Interpretativo podemos distinguir cuatro fases:

1. Investigación. Recopilar la mayor cantidad de información sobre el tema.

2. Dar contexto a esos datos. Ningún hecho noticioso es aislado, tiene antecedentes históricos, explicaciones ocultas o no conocidas, se relaciona con un contexto social mayor y genera consecuencias futuras en la ciudadanía.

3. Análisis. Generar una teoría. Una hipótesis sobre el tema y comprobarla (o no) a través de opiniones externas al periodista. Llegar a una conclusión sobre esa tesis. Luego de manejar la mayor información posible, se debe salir a la calle, entrevistar a las fuentes y procurar estar en el lugar de los hechos para ser capaz de describir con objetividad.

4. Relato. Elegir un tipo de narración entretenida y amena para al lector. Se debe elegir un tipo de narrador, el punto de vista (y entregar a través de este una jerarquización de la información según su importancia) y focalizarse en los datos más atractivos. Se pueden usar diálogos para darle realismo al relato, descripciones muy detalladas y un lenguaje coloquial. Asimismo, el periodista asume mayor protagonismo que en el periodismo convencional, ya que da su descripción o visión personal de los acontecimientos, aunque intenta hacerlo de la forma más objetiva posible. La idea es que la historia se relate como si fuera un cuento o una pequeña novela, siguiendo el ejemplo del Nuevo periodismo que marcó la renovación del Periodismo Interpretativo. Esta es una corriente periodística nacida en los años 1960 en los EE. UU. en el contexto de los cambios sociales y culturales que se vivieron en esa época. Surgió a raíz de la publicación del libro A sangre fría, de Truman Capote, novela de no ficción donde se combinaban elementos literarios con otros propios de la investigación periodística. Los principales exponentes del Nuevo periodismo fueron Tom Wolfe (La hoguera de las vanidades), Norman Mailer y Hunter S. Thompson (Panico y locura en Las Vegas). Este último también creó uno de sus subgéneros que se conocería con el nombre de Periodismo gonzo.

El Periodismo gonzo es un estilo de reporteo, sub-género del Nuevo periodismo, que plantea un acercamiento directo a la noticia, llegando hasta el punto de influir en ella, y volviendo al periodista en parte importante de la historia, como un actor más; también suele dar mucha importancia a la descripción del ambiente en que ocurren los hechos. El término se usó especialmente para describir el distintivo estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson.

Nacido en Louisville (Kentucky) en 1937, H.S. Thompson mismo señala haber pasado buena parte de su juventud en la cárcel. Terminada la secundaria, se hizo reportero deportivo de un pequeño diario de la Fuerza Aérea con base en Florida.
Entre los trabajos periodísticos que tuvo más tarde se incluye una corresponsalía en Puerto Rico para el New York Herald Tribune.Fruto de esa experiencia nace El Diario del Ron, novela que se publicaría sólo en 1967.
Otro de sus trabajos, para la revista Scanlon, dio pie a lo que se etiquetó como periodismo "gonzo", donde el cronista se convierte en protagonista de su crónica: con ocasión del Derby de Kentucky, se vio presionado por la hora de cierre y mandó tipear sin más las notas que tomó apuradamente. Pensaba que lo iban a echar, pero el efecto fue el contrario.
A fines de los '60, la fama de Thompson se extendía en la contracultura de EE.UU. En 1969, se convirtió en uno de los redactores jefes de Rolling Stone, revista en la cual publicó, tres años después, un artículo que se convirtió en libro: Miedo y Asco en Las Vegas, llevado al cine en 1998 por Terry Gilliam, con las actuaciones de Johnny Deep y Benicio del Toro.
Al inicio del texto, cuya excusa es un viaje a la Ciudad del Juego para hacer un artículo pedido por una revista deportiva, Thompson describe el increíble arsenal de drogas que lleva en su descapotable por el desierto, de las cuales empieza a dar cuenta junto a su acompañante no bien iniciado el camino.
"El mejor libro de la década de las drogas", según el New York Times, este texto intenso y entretenido consolidó a un cínico hedonista, que al año siguiente dio otro golpe a la cátedra con Fear and Loathing: On the Campaign Trail '72, sicodélico reporte de la campaña demócrata.
Veinte años más tarde, publicó un libro sobre la campaña de 1992, sin esconder su favoritismo por Clinton. Eso sí, hasta el fin fue imprevisible: miembro de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y amigo del ultraderechista Pat Buchanan, se decía que su casa estaba fortificada y llena de armas. Al menos había una, aquella con que se dio muerte en 2005. Se suicidió mientras hablaba por teléfono con su esposa.

miércoles, 2 de julio de 2008

Investigación en terreno

DIARIO DE UNA CHILENA CONTRATADA POR EL RATON MICKEY

El infierno más felíz del mundo Ex integrante de nuestro taller literario, Claudia Aldana (25) era una egresada más de periodismo y ciencia política hasta que el año pasado decidió hacer un paréntesis en su vida y postuló, se entrevistó y quedó seleccionada en el programa para estudiantes extranjeros del Walt Disney World Resort, en Florida, compuesto por cuatro parques de atracciones: Epcot Center, Animal Kingdon, Magic Kingdom y MGM Studios. Allá, además de estrecharle la mano al ratón Mickey, trabajó, carreteó y conoció de cerca la cara menos inocente del lugar más feliz del mundo.

por Claudia Aldana, desde Orlando.

Viernes 10 de noviembre de 2000
Lenny Kravitz: no en Disneylandia
La primera película Disney que vi fue La dama y el vagabundo. Tenía 15 años y estaba cuidando a mi hermano chico. No me volvió loca ni nada por el estilo, pero cuando vi el aviso en el diario, Disney, jóvenes entre 18 y 25 años, para trabajar en el parque, me pareció una buena excusa para salir de la casa por un tiempo. Recién egresada, sin muchos planes inmediatos más allá de ver tele o salir con los amigos, y bajo la fuerte influencia del video recién estrenado de Lenny Kravitz, "Again", idealicé la posible pega y le puse empeño extra para quedar. Luego de un par de entrevistas en las que me salvó mi inglés Sony, a principios de noviembre del año pasado me encontré arriba de un avión, rumbo a Orlando, a trabajar en Disney. Un par de días después, en un descanso de mis clases de doblado de poleras con mi entrenadora, encerrada en una de las bodega de merchandising, me di cuenta de que el último lugar donde iba a conocer a Lenny Kravitz era la tienda de souvenirs de Epcot en la que me encontraba. Pero ya era un poco tarde para recapacitar. Ahora me sentía obligada a buscarle el lado positivo al hecho de recibir 6 dólares y tanto la hora por trabajar en el lugar más feliz del mundo: el Walt Disney World Resort. No puedo negar que a veces siento como si me hubieran lavado el cerebro y esa sensación no me gusta. Yo estudié periodismo, no educación de párvulos, pero desde que soy un "cast member", el eufemismo que usan aquí para decir "simple empleado", me descubro persiguiendo a cuanto cabro chico veo para preguntarle su nombre y de dónde viene. Ya no puedo evitarlo. Me siento observada, calificada a cada minuto. Me acostumbré a las ardillas, a la música absurdamente dulzona en el aire. Me acostumbré a Disney, al pop corn salado. Me acostumbré a hablar en inglés con gente que nunca más voy a ver, a inventarle una historia distinta a cada una de las personas que atiendo. Porque ésa es una de las bases de nuestra relación con los clientes: hacerse el simpático y hablar hasta por los codos. Así es que después de preguntar de dónde son, me lanzo con algo que me haya pasado relacionado con su pueblo. Algo que, en el 99 por ciento de los casos, es mentira. Nunca en mi vida me ha gustado vender nada. Ni poleras entre las amigas. Pero ahora soy capaz de sugerir con mucho entusiasmo, y por sólo 5 dólares más, un Tigger más grande "que de seguro va a dejar más feliz a su nieta, señora". Yo vendiendo. Sin comisión, pero esforzada. Raro. Vuelvo al condominio y por mi cabeza dan vueltas miles de detalles ridículos que quiero comentar con alguien, pero las cinco neozelandesas con las que comparto el departamento también están atoradas por contar lo suyo. Nunca falta la que está durmiendo y no está ni ahí con que metamos ruido en el living, por eso nos movemos con la radio y las galletas al balcón, a mirar vecinos o a fumar un cigarro en nuestro departamento para no fumadores. Esperando que llamen para avisar en qué edificio es la fiesta en la noche. Orlando, domingo 26 de noviembre de 2000 Mickey Mouse es chileno Los que todavía crean en el Viejo Pascuero, no sigan leyendo. Porque Mickey, el ratón más sobrevestido de la historia, es chileno. Así, tal cual. Ahora tenemos otro motivo de orgullo además del chaleco más grande del mundo en el museo de La Ligua. Tenemos a Mickey Mouse. Cristián es chileno, no debe medir más de un metro cincuenta y tantos y es uno de los que se disfraza del célebre ratón aquí en Disney World. El día de las entrevistas de trabajo, en Chile, un gringo aseguró que él iba a quedar aunque no hablara inglés. Yo pensé que era humor yanqui para distender, pero no; apenas llegamos a Orlando, mientras al resto lo mandaban a las cocinas y tres o cuatro nos librábamos de transpirar con olor a pizza, Cristián recibió trato de estrella. El iba a ser "character" ("personaje"). De acuerdo con el estándar que manejan en la sala de disfraces, él calzaba justo para ser nuestro jefe. Y ahí empezaron los privilegios para el ratón Mickey chileno. Mientras todos los demás pasamos dos días en clases, de 7 de la mañana a 6 de la tarde, en la Disney University (en mi caso, para aprender a manejar una caja registradora y a cómo tratar al amigo cuando es forastero, anda turisteando y tiene los bolsillos llenos de dólares), él tuvo horarios mucho más relajados y sus clases consistieron en aprender a firmar como Mickey y otro par de monos, en caso de que le tocara cubrir a alguien. Porque otro de los negocios es venderle a los niños "libros oficiales" para los autógrafos de los monos y "lápices oficiales" para firmar. La regla es que ninguno de los peluches gigantes se pasea por el parque con algo en la mano o en los bolsillos. En resumen, Cristián no tiene que trabajar tres horas para que le den un descanso, como el resto de los mortales aquí en Disney. Los personajes hacen un "set", salen a saludar, posar y firmar libros durante media hora y luego entran y descansan. Después a veces los trasladan a los hoteles Disney, donde descansan al llegar, se visten, descansan y salen de nuevo otro ratito. En total, a Cristián le pagan ocho horas y trabaja como tres. Es cierto, el disfraz debe pesar y a veces les da calor, pero no es hediondo ni nada. Le pagan por suplantar al jefe. Cristián no es el único. Conozco a la polola de un amigo brasileño que también es Mickey, aunque a veces es Pinocho, y dice que son más de diez los Mickey en cada parque. No importa, igual uno de ellos es chileno. Debe ser raro que de ser toda tu vida conocido como el chico o el enano, de un día para otro te encuentres en otro país con una manga de gente haciendo cola para sacarse una foto contigo, o que te aplaudan a rabiar sin haber hecho nada más meritorio que medir poco. Pero estamos en Disney y estas cosas pasan. Te pagan por ser pintamonos, chico, o como metralleta para hablar (mi caso). A veces me pagan por saludar todo el día. Me paran en alguna parte de Epcot y saludo, saludo, saludo. Todo el día. Lo extraño es que Cristián, en el avión a Orlando, era piola, con la guitarra a cuestas, típico chico de fogata playera. Acá nuestro Mickey es el patas negras de una gringa casada, bastante regia, que entra y sale del departamento del chileno a horas bastante poco Disney. Y Cristián-Mickey sale a dejarla al auto, como buen galán, y le da un tremendo beso antes de que la gringa parta, muerta de la risa. Igual todos comentamos que entre tanta aventura amorosa, se está poniendo barsa y canchero. Cuando Minnie se entere... Orlando, lunes 11 de diciembre de 2000 Tengo una idea para una teleserie Esta vida en Disney es demasiado televisiva. No me sorprendería que hubiera cámaras ocultas grabándolo todo, porque con todo lo que pasa acá cuando los parques cierran, Aaron Spelling tendría material de primerísimo nivel. Aunque aquí nadie caza vampiros ni le pone bombas a Amanda Woodward, creo que Chatam Place (Chatam Square es el nombre de mi condominio) u Orlando 32831 tiene potencial. Tenemos de todo: parejas multirraciales, un chileno que pololea con un gringo que de día trabaja disfrazándose del príncipe de Cenicienta, fiestas en la piscina, relaciones que empiezan y terminan sin que uno alcance a darse cuenta. Este tremendo paréntesis que significa Disney para todos los que estamos trabajando acá, lejos del país de origen y viviendo con gente de todo el mundo, te da una sensación de libertad para hacer lo que jamás harías en casa. Nadie te controla, nadie sabe quién eres. Nadie te pregunta, tampoco. Quizás por eso es que cada condominio son tres: Chatam Square, The Commons, que queda a cinco minutos del mío caminando, y el legendario Vista Way es un mundo propio con las tremendas historias también. Los de Commons, nuestros vecinos, son los que se quedan por un año trabajando y hacen unas fiestas increíbles. El primer viernes de cada mes organizan las "fiestas porno". Pegan carteles en los condominios avisando en qué departamento va a ser y hay que partir liviano de ropa (onda una bata o una toalla), porque para entrar hay que hacerlo en pelotas. Y no se admiten mirones. También hay fiestas más inocentes, como las que hay que ir disfrazado de niño. Pero las porno son las que la llevan. Para empezar, si uno no vive en los condominios de Disney, solo puede entrar autorizado por la gente de Seguridad, que exige que alguno de los que vive adentro firme un registro de visitas donde se compromete a asegurarse de que la visita va a estar fuera antes de las 2 de la mañana. En caso de incumplimiento, el garante es expulsado del condominio y de su trabajo en Disney. Ahora, si uno vive en los condominios puede entrar y salir de cualquiera sin problemas, pero con el mismo límite: 2 AM. A esa hora Seguridad llega a avisar que las visitas se acabaron. Lo entretenido, por cierto, es tratar de quedarse sin que te pillen. Porque obviamente, las fiestas a esa hora recién están empezando. Sobre todo las porno, ya que la gente que trabaja en Epcot sale cerca de la medianoche. Y por otro lado, nadie se saca la ropa por solo una hora. Al llegar, la música se oye fuerte y hay mucha gente en las escaleras. Todos se fijan en quién entra y quién no, pero siempre con una expresión cool de desinterés. En la entrada, una francesa bastante dotada da el tono de lo que va a ser la noche: hay que sacarse la ropa de una y dejar la toalla en el sillón que bloquea la puerta de la cocina. Nadie te obliga o te apura, pero si alguien entra y demora más de la cuenta en desvestirse o se queda mirando al resto, es invitado a salir del departamento. La francesa de la puerta está disponible, eso es obvio. Anda paseándose con una botella de salsa de chocolate para el que quiera embetunarla y hacerse cargo. Es increíble verla así. Me la he topado en el parque y estoy casi segura de que es la polola de uno de los franceses que miro siempre. Como chilena que soy, la ubico porque le envidio el pololo. La música (tecno, como de costumbre) está a cargo de uno de los muchos dejotas que viven en los condominios. Y aunque se supone que la buena onda es norma entre todos los que vienen, un brillo de tensión se adivina en las miradas. No es fácil mirar a los ojos en estas condiciones. Como tampoco bailar cuando sabes que hay partes vitales de tu cuerpo subiendo y bajando al compás de la música. A fin de cuentas, estamos en pelotas en medio de un living de alguien que nadie conoce. Y por eso, supongo, el alcohol está obligado a subir más rápido a la cabeza. La fiesta se acaba a la misma hora que las otras, tipo cinco o seis de la mañana, con la diferencia que acá se arman un par de malos entendidos por la desaparición de algunas toallas. Es cierto, está heladísmo. Este es el invierno más helado de Orlando en los últimos 20 años, por eso no es ninguna gracia quedarse sin nada con qué taparse para volver a la casa. Lo difícil es pensar que al día siguiente hay que tomar el bus de vuelta al parque y ver con ropa a algunos de los que fueron a la fiesta e intentar olvidar que ya los conoces demasiado. Por su parte, Vista Way fue el primer condominio que Disney compró para sus programas con estudiantes. Allí viven los gringos y un par de colados que no caben en los otros condominios. Vista es legendario porque es el más grande y casi todos los buses parten de ahí. Además, porque hace tres años apareció en la revista Playboy en un reportaje sobre los lugares donde había más sexo por hora en Estados Unidos. Vista Way quedó en tercer lugar y se pasó a llamar "Vista Lay" entre la gente que trabaja en Disney. Puedo dar fe de que no es mito urbano. Uno de mis amigos en Vista me mostró la revista. Era su amuleto. Según él, le dio el empujón necesario para venirse a trabajar acá. Cada vez estoy más convencida que la gente que vive en Vista se toma a pecho eso de mantener el mito. En todas las fiestas hay alguien que te lo cuenta, y ya no sé si es la excusa para llevar la conversación al tema sexual o si la gente que vive ahí tiene como secreta misión mantener esa fama. Ir a una fiesta allí puede ser hasta peligroso. Las jaleas de vodka andan por todas partes, igual que el extasis, la droga favorita entre los "cast members", porque no deja olor ni hachazo al día siguiente. Los departamentos parece que fueran a explotar y se ve demasiado gringo con cámara en mano. Minas en topless o abrir la puerta del baño y pillar a una pareja adentro no es raro. Claro que apenas son las siete de la mañana o antes, todos se ponen la ropa y parten a ponerle la cara a la gente que viene desde todo el mundo al lugar más feliz del mundo. Sin olor a trago, esperando que se cumpla la hora para hacer "clock out" y virarse a dormir la mona. Hasta que se arme otra fiesta. Chatam Square, el condomino que me tocó a mí, también tiene sus desórdenes. Además de los romances entre departamentos, que una semana después te enteras que ya no existen o que ni siquiera fueron romances, nuestras fiestas diarias y otras (las del ridículo, las de la piscina o las de ir con el disfraz de trabajo, por ejemplo) son increíbles. De una fiesta en mi departamento puedo contar que vi a mi amiga china atracar con dos tipos: una vez la vi entrando al baño acompañada y al rato la vi saliendo del departamento con otro. Demasiado bien acompañada. La misma que dos semanas antes me había contado que su primer beso había sido acá en Chatam. Tenía 22 años. Orlando, miércoles 6 de diciembre de 2000 Los brazos y el cuerpo dentro del carro Antes de ponerse en la fila para el "Space Mountain" o el "Splash Mountain", en Magic Kingdom, hay que pensarlo dos veces. A menos que tengan un buen abogado gringo. Como trabajo para el resort que invierte más plata en medidas de seguridad, cuando recién llegué me inscribí en unos tours que hacen para "cast members" y donde te muestran que la seguridad acá es infalible. Otra idea del lavado de cerebro que, después descubrí, era mentira. A las dos semanas de trabajar en Disney, una de mis compañeras de departamento, la que maneja un bote en "Jungle Cruise", me contó que ese día se había producido un accidente grave en Magic Kingdom. No sabía muy bien qué pasó, pero al día siguiente ya todos teníamos la versión. No es oficial, porque Disney se aseguró de que no trascendiera a la prensa. Y no salió hasta ahora. Por contrato, tenemos prohibido hablar cuando pasa algo así. Lo que pasó fue que en el "Splash Mountain" se murió un visitante con síndrome de Down. Cuando uno se sube a los carritos de esta montaña rusa acuática, te aseguran hasta las malas ideas con correas por todos lados. Pero el carrito empezó a andar y esta persona, de 23 años, se asustó, aunque todavía no empezaba la parte fuerte del paseo. Ante su desesperación, su mamá le dijo que un poco más allá se podía bajar, pensando en hacerle señas a alguno de los "cast members" para que sacara a su hijo. El asunto fue que esta persona discapacitada entendió mal y se trató de bajar. Con la excesiva fuerza que debe haber tenido, levantó el fierro y trató de bajarse en una de las islitas falsas que hay al inicio del paseo (en la parte plana del recorrido), pero no alcanzó a hacerlo y saltó en una de las subidas abruptas del juego. El carrito le pasó por encima y se murió. No sé si la culpa fue de Disney, porque acá no se respetó las órdenes de seguridad que imparten cuando uno se sube. Pero la plata corrió igual para silenciar a la familia de la víctima. En cambio, el accidente de "Space Mountain" fue claramente negligencia de Mickey Mouse y sus empleados. Cuando uno recién llega a trabajar a Disney, te cuelgan de la placa de identificación una cinta roja que dice "ganándome las orejas", para que ante cualquier error cometido nos saquemos el pillo con eso de que estamos aprendiendo. Dura dos o tres semanas, hasta que tu instructor te toma un examen y te aprueba o reprueba. En caso que te vaya mal, se extiende el entrenamiento. No te echan. El caso es que uno de los "ganándome las orejas" estaba aprendiendo a manejar los sistemas de seguridad del "Splash Mountain", que también se suponen infalibles. El instructor le estaba enseñando a aflojar los anclajes de resguardo desde la cabina de control, cuando el paseo se acaba, para que las personas se bajen y luego esos carros vayan a buscar más gente que está esperando para subirse. Pero el alumno se anduvo poniendo nervioso y apenas desaseguró los carros, justo cuando se iba bajando una señora cuarentona, él volvió a bajar los seguros. Resultado: la señora perdió una pierna. Historias como estas no son pocas, de hecho parecen demasiadas en un parque que cobra casi 30 lucas diarias por entrar y que se jacta de ser el más seguro del mundo. Estas dos son las que yo sé que son ciertas, porque cuando algo así pasa se sabe entre nosotros, pero no sale a la prensa. La gente que lleva más tiempo se llega a atorar cuando le pides más historias, siempre bajo la promesa de que no se te vaya a salir. Digamos que crucé los dedos mientras firmaba el contrato. Orlando, 22 de diciembre de 2000 Haciendo más rico a McPato Los buses que nos llevan gratis a todos lados son como los que en Chile pasan por ejecutivos o "semicama", aunque los viajes aquí nunca duran más de 30 minutos, porque se cuidan muy bien de no sacarnos del perímetro de Lake Buena Vista, es decir, lo que es propiedad de Disney. El trayecto más largo es al supermercado. Yo voy los lunes, que por lo general es mi día libre. Llego a las 10 AM a Commons, porque ese día regalan desayuno gratis en el clubhouse, agarro un muffin y un café y espero el bus, que aparece siempre a las 10.10. Así es que después de terminar, se parte a Wall-mart. Como el bus parte cada una hora, se puede optar por correr la maratón de compras y en 40 minutos terminar, para pasar 20 minutos entre colas y alcanzar a tomar el de vuelta a Chatam; o bien se puede tomar el paseo en la turística y recorrer con calma los pasillos que en la primera visita me tuvieron atrapada por cuatro horas. Venden hasta pistolas. Una amiga chilena usa el Wall-mart como cuartel central para conseguir citas. Arreglada como si fuera de noche, se sube al bus y pasa lista. Sus víctimas favoritas son los italianos o franceses. Escudada detrás de anteojos oscuros, "la Bolocco" (en Chile tiene un pololo argentino con el que lleva dos años) empieza a evaluar el mercado. Y mientras echa comidas congeladas de 75 centavos al carro, se dedica a engrupir. Parte con miradas y a la vuelta siempre tiene alguien que le cargue las bolsas hasta el departamento. En la billetera anda con papeles con su teléfono anotado, que reparte como panfletos, por lo que siempre va a saber dónde es la fiesta de la noche. Nunca se vuelve sentada sola en el bus. Cuando recién llegué, pensé que Disney era muy amable al llevarnos hasta al supermercado en esos buses gratis. Después entendí: podemos pagar hasta con el cheque del sueldo (ese que nos entregan cada jueves), aunque esté nominativo, y te entregan el vuelto. Claro, Disney es el dueño del supermercado... y éste es uno de los más caros. Así la plata parece no salir nunca de propiedad Disney. Lo más lejos que llega es hasta Wall-mart, pero igual se devuelve a Lake Buena Vista. O sea que al final esto es como una oficina salitrera: me pagan con fichas para ir a la pulpería. La idea es la misma. Rico McPato también vive en Disney. Orlando, 5 de enero de 2001 Marcos A Marcos no me acuerdo haberlo visto antes de llegar a Orlando. Ni en el aeropuerto, el avión o la aduana. Tampoco tengo claro cuándo nos hicimos amigos, lo único que sé es que ya en la primera semana estábamos sentados en mi balcón con un ron cola en la mano, imaginando la productora que íbamos a armar juntos cuando volviéramos a Chile. La idea era ahorrar todas las semanas parte del sueldo y comprarnos una cámara digital para ir grabando nuestra pega en Disney. A los pocos días nos enteramos en forma brutal que está prohibido andar con cámaras de video en el bolsillo. Yo lo fui a ver a Magic Kingdom y le sacamos una excelente foto a un Pinocho sin cabeza, fumando. La máquina me la quitaron y me perdonaron por ser nueva (mal que mal, aún estaba "ganándome las orejas"). Si no, el ticket de vuelta a Santiago se adelantaba para el día siguiente. Así empezamos a hacernos amigos. Yo lo ayudé a estudiar cuando tuvo que dar su examen para sacarse la cintita roja de recién llegado. Tenía que aprenderse el libreto (bromas incluidas) del "Jungle Cruise", porque era "skipper": manejaba uno de los barcos. Marcos tiene una vida armada en Chile: polola de la que está enamorado, familia, estudios sin terminar. Se suponía que una vez cerrado el paréntesis Disney, agarraba sus cosas y partía de vuelta a Chile; pero cada día que pasa, Chile se ve más difuso para el "skipper" chileno. Desde hace un tiempo, ya tiene llave de mi casa. Para Navidad colgó un calcetín acá y recibió y entregó regalos como si viviera acá. Se las ganó a pura talla y las neozelandesas lo adoptaron. Entre tanta fiesta o comida en la casa, mi compañera de pieza, Dan, empezó a mirar con otros ojos al chileno. Y aunque Marcos siempre hablaba de su polola, el chispazo fue harto fuerte. Así empezaron a andar juntos para todas partes, en plan de amigos. La Dan es la clásica mina cuica. Clasista, no le gustan los maoríes (aborígenes de su país) y cada vez que salimos al mall, hace zumbar la tarjeta que le dio su papá. Se reconoce esnob y está orgullosa de ser de "Central", que es un barrio de Auckland bastante cuico por las reacciones que despierta cuando se menciona entre neozelandeses. Pero es adorable, tiene cara de ángel y siempre anda riéndose del mundo con su ironía disfrazada de inocencia. Un día Dan andaba insoportable. Le pregunté qué onda y no tuve respuesta. Raro, porque en el tiempo que llevábamos viviendo juntas, nos habíamos hecho muy amigas y nos contábamos todo. Esa noche había una fiesta en nuestra casa, por lo que Marcos fue a ayudar a correr los muebles y a instalar las luces y todo. Me fue a alegar que Dan andaba demasiado idiota y yo seguí sin entender nada. Resultado: al final de la noche, Dan se le declaró. Marcos empezó a cambiar de a poco. Se encandiló con la vida fuera de Chile. De un día para otro llegó a avisar que ya no había productora. Ahora los ahorros iban destinados a buscar vida nueva en cualquier parte. Y en eso está, postulando a que le den visa en Nueva Zelandia. Juntando los dólares para empezar lejos. Lo de él y Dan no siguió. Hubo demasiados malos entendidos, peleas, enredos, cartas y papelitos escritos en prosa alcoholizada que aparecían en la cama de Dan o en la de Marcos. Su historia fue intensa, pero se acabó sin que ninguno de nosotros entienda mucho por qué. Miro fotos y se ven bien. En las fiestas me ponen al medio, porque no pueden estar juntos en el mismo grupo. Ahora Dan dice que no puede mirarlo a los ojos porque le duele, porque sabe que igual hay posibilidades de que las cosas se arreglen. Claramente, esta historia continuará en Nueva Zelandia. La mía, en Disney, termina el 27 de enero. Ese día, el paréntesis quedará cerrado.

Investigación en terreno

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Werne Núnez salió del colegio hace 10 años. Aprovechándose de su
cara de bebé, volvió por tres semanas a cuarto medio en un liceo de hombres de Providencia. Estuvo de incógnito, se hizo de amigos, fumó cigarros a la salida y volvió a hacer gimnasia. Con la venia de las autoridades del liceo, ni su inspector ni sus profesores ni sus compañeros supieron quién era. Hasta que lo descubrieron.

Por Werne Núñez


Día 1. Martes 28 de marzo
Celular salvador
9:14 A.M.: Lo primero que me preguntó Andrade fue mi nombre y de dónde venía. Lo
segundo que me preguntó Andrade era si fumaba.
¿Marihuana? Sí, igual que tú no más.
Ah, me dijo más en confianza.
¿Por qué? ¿Movís?
De repente. Cuando querái me avisái.
Llevaba una hora en el colegio y ya conocía al dealer del lugar. O al que se las daba por lo menos. Andrade se me había acercado y presentado solito. Andrade es choro, de los que no usan chaqueta, se sientan atrás y le discuten al profe. Después de decirme su nombre, me interroga. Otro par de compañeros se acercan y me miran con cara de buena onda.
¿De dónde venís?, fue lo primero en decirme.
De Viña.
¿Y de qué colegio?
De ninguno.
El plan de volver a clases es comparar a mis nuevos compañeros con los que había tenido alguna vez. Así que les dije lo mínimo: que tenía 19 años, que había repetido un par de cursos en la básica, y que el año pasado había dado exámenes libres porque me dedicaba a hacer cortos.

El inspector me llevó a tomar electivos. Mi primera clase fue literatura. En la sala, el profe Gallardo después de 10 minutos pasando lista y de 10 minutos haciéndonos callar (no me acordaba de lo ruidosas que eran las clases) sacó una guía tipeada en papel roneo y empezó a leer un poema que se llamaba Estar vivo. Estar vivo, para el autor, era muy parecido a
estar muerto. Algo penoso, depresivo, y hablaba de cosas como la eterna lucha, la espera, las sombras de las sombras y los temores. Parecía carta suicida. Gallardo, que era viejo con pinta de jubilado recontratado, le preguntó al curso de qué hablaba el poema.
Parece un canto a la esperanza, dijo uno.
El autor está inspirado en la alegría de vivir, dijo otro.
Y un tercero, para quedar bien, salió con otra:
Se parece a Gracias a la vida.
Ver a un profe enojado con la estupidez de sus alumnos y un montón de tipos reclamándole
por todo, con amenazas de poner unos y anotaciones negativas, es algo que me había perdido por mucho tiempo. Estaba en eso cuando salió uno que dijo que le parecía un poema escrito por alguien que se quería morir. El profe lo felicitó, pero cuando los mismos que estaban molestando le dijeron que le pusiera un siete, Gallardo se volvió a enojar.
¡Todavía no estoy tan viejo como para que un alumno me diga lo que tengo que hacer como profesor! ¡Yo soy el profesor y yo sabré si le pongo un siete o no! Además, todavía no me jubilo, aunque han querido que me jubile por ahí. ¡Pero yo me voy a quedar hasta que me echen, aunque les moleste a algunos!
Al final, cuando todos cacharon la onda del poema y empezaron a hablar el mismo idioma, la cosa se calmó un poco, y el profe dijo que no se sentía muy bien, y que había amanecido mal de la guata.

10:35 A.M.: Néstor Ansaldo, el profe de Lógica, usa una barba bien recortada y se rasca la pera como todos los profes de filosofía y lógica que conozco. Este parece un mal día para entrar a clases, porque Ansaldo nos dice que toda la materia que había pasado hasta ese día no servía. Que como él era nuevo, el departamento de filosofía le había impuesto pasar
lógica formal, y que él estaba obligado a acatar la decisión. Esto lo repitió como tres veces y parece que le afectaba de verdad. Aunque lo cierto es que al curso no le podía dar más lo mismo. Mejor todavía, así entraba menos para la prueba.
Ya me estaba lateando de sentarme adelante en la sala y de estar solo, cuando sin avisar ni nada Carreño se me sentó al lado. Carreño era el negro del curso, el desordenado, que se peinaba despeinándose, usaba collar de conchitas y andaba con la camisa afuera. Me saludó y se sentó, así de simple. No me preguntó nada y yo tampoco le dije nada. Todo iba bien hasta que, mientras el profe hablaba, sonó el celular. Era el de Carreño:

Aló, sí, hola. Sí, en el colegio. No, no. Cuéntame. Ah, qué buena onda. Ya, chao. Sí, yo también te quiero, chao.
El profe se paró al lado a mirarlo con cara de odio y mientras todos se reían, el Carreño lo apagó. El profe le advirtió que si lo hacía una vez más lo echaba de clases, y el Negro le dijo que estábamos en la era digital y que el celular era algo cotidiano. Puras risas.
Soi caradura loco, le dije.
Es que era mi polola que me llamó pa contarme que el test de embarazo le había salido negativo. Menos mal.
¿Cómo? ¿Y estabas tan tranquilo?
Sí, es que lo compramos anoche, pero le dijeron que era mejor hacerlo en la mañana.
No podía contarle que yo era papá y que justamente lo era por un condoro de ese tipo. No podía. Pero igual traté de enviarle un mensaje, fruto de la experiencia.
¿Y por qué no usan condón?
Es que no me gusta y a ella tampoco.
¿Y tu mina no se cuida, no toma pastillas?
No, dice que se pone gorda y que le salen pelos.
Pero, ¿qué preferís? ¿Andar con una mina gorda y peluda o andar cargando un cabro chico a los...? ¿Qué edad tenís?
Diecinueve, ¿y tú?
Diecinueve también. Y ¿qué preferís?
Una guatona peluda, en todo caso.
Y nos pusimos a reír. Me cayó bien el Carreño. Aparte de que era de los más viejitos, tiraba chistes en todas las clases. Después me contó que había repetido dos veces. Me recordaba a mis viejos amigos, pero más flojo.
Al final de la clase de lógica, y después de aprender la diferencia entre juzgar y razonar y reconocer la esencia de la cosa, el profesor le encargó a uno de los chicos que hiciera una lista de los presentes y que los que no quisieran seguir con él en el electivo pusieran me cambio al lado de su nombre. Era la última oportunidad. Casi todos se cambiaron.

Día 2. Miércoles 29 de marzo
Chaparra para dos
7:30 A.M.: Afuera del colegio hay una placita que da a Providencia en la que se fuma y se conversa antes de entrar a clases. Yo saqué unos Luckies que andaba trayendo en la mochila y me quedé esperando a que dieran las ocho. Me estaba aburriendo cuando vi llegar al Carreño con otros compañeros. Me saludó y me presentó al montón que no me dio
mucha pelota, hasta que saqué mis cigarros. Les di a todos, y más encima, se los encendí con un Zippo. En ese momento me relajé. Más que responder preguntas, comencé a hacerlas. Le pregunté al Negro y su grupo, entre los que estaba el Gato, el Caro y el Jamón Palta, sobre quiénes eran los nerds del curso, quiénes eran los malos, cuáles eran los profes mala onda y qué tal estaba la profesora jefe. Todos opinaron, y me dijeron que me esperara un rato, que en la primera hora iba a conocer al más perro de todos los profesores. También me contaron que la profesora jefe estaba muy rica. La iba a conocer recién el lunes.
Entramos.

8:09 A.M.: Llegó Maldonado, el profesor de Historia. Usaba un terno gris, unos grandes lentes ópticos fotocromáticos y tenía la boca en diagonal, que lo hacía murmurar en vez de hablar. De hecho, le decían Murmullos. Cuando se enteró de que había un alumno nuevo
dijo qué extraño, porque legalmente no se puede tener un taller con 47 alumnos, voy a averiguar eso. Todo con un sonsonete semejante al ruido que hacen los patos. Fue lo primero y lo último que me habló en más de seis clases.

9:20 A.M.: En el recreo invité al Carreño a tomarse un café al kiosko, pero no me pescó. Nadie toma café en el colegio, parece. Lo top es comprar chaparritas, que es una masa de milhojas aceitosa rellena con una vienesa y un poco de queso. Costaba $400 y había que
comprarla a medias. A mí no me tincó, y me tomé un café de todas formas. El Carreño nunca andaba con plata, así que le compré una Coca enana y de ahí no paré de comprarle cosas el resto de los días.
Cuando llegué a la sala, estaban todos con cara de fusilamiento porque había prueba de química. La habían adelantado. Yo igual quería quedarme, así es que me presenté al profesor y le dije que era nuevo, pero que quería dar la prueba. Después de saludarme como militar, habló tres palabras con el profe que repartía las pruebas y me dijo que no, que
mejor me fuera, que hablara con el inspector y que me dejaría salir. Plop. Me fui. Y me quedé con las ganas de invitar al Carreño y su grupo a tomar unas cervecitas a la salida.
Para otra vez sería.

Día 3. Jueves 30 de abril
Popular
8:00 A.M.: En estos diez años sin uniforme había olvidado que el esfuerzo de tomar una micro iba más allá de levantar una mano y tener monedas en la otra. Uno puede ocupar todas las técnicas posibles (mostrar billetes cuando el bus se acercaba, esconderme detrás del paradero, sacarme la corbata, esperar el semáforo en rojo) y aun así nunca te paran. Hoy
tuve suerte. Me paró la micro. Me fui en una de esas que tienen tres puertas. Nos fumamos unos cuantos cigarritos en la plaza (la mayoría míos, por supuesto) y entramos. Le pregunté al Carreño cómo era la profesora de Economía, y me dijo que era de las buenas, y que era
media comunacha, que de repente salía con discursos en los que les contaba que era hija de obreros y que con estudio y trabajo se había superado, y otras frases por el estilo. Para ese día les había dado una tarea que consistía en responder la pregunta ¿Qué hará Lagos para
mejorar la productividad? Ninguno de los del grupo del Carreño la había hecho. Ni el Caro, ni el René de la Vega, ni el Gato, ni el Jamón Palta, nadie. El Jamón Palta era un tipo especial. Vivía en Peñaflor y era hiphopero. Usaba arito, una chaqueta de buzo debajo de la
de colegio y los pantalones dos tallas más grandes, para que le quedaran a la mitad de la raya y se le vieran los bóxers. El Carreño, cuando me lo presentó, me dijo que tuviera cuidado porque era lanza. En broma eso sí, porque ellos dos eran bien amigos. Hacían todo lo que hace la mayoría de los buenos amigos: se insultaban, el Carreño le decía puta a la
mamá del Jamón Palta y éste le decía perra a la polola del otro, se tiraban las corbatas hasta que el nudo quedaba ínfimo, se pateaban, se punteaban, se tiraban papelitos mojados con el tubo de los Bic y se escondían los cuadernos, previo dibujito clásico en la primera hoja.
Eran amigos de verdad.
La clase de Economía fue potente. La profesora explicó el proyecto de ley del seguro de cesantía, y cuando después preguntó si alguien tenía alguna duda, nadie dijo nada. Excepto yo.
Profesora, ¿cuál experiencia es más aplicable en Chile, la europea o la norteamericana?
Mmm, ¿cómo?, repíteme por favor.
Que cuál experiencia, la europea o la norteamericana, es más fácil de aplicar acá en Chile.
Bueno, se están analizando las dos. ¿Quién eres tú?
Soy el alumno nuevo.
Lo cierto es que lo de las experiencias se me acababa de ocurrir. En el colegio, cuando iba en cuarto medio, siempre preguntábamos mentiras, sólo para saber qué hace un profesor cuando no sabe algo. Les preguntábamos por batallas falsas, personajes inventados y
lugares de mentira, y créanme, siempre tenían una respuesta para todo. Ahora igual. Pero a la profesora parece que le gustó tener un alumno nuevo tan participativo. Ojalá que se quede en este curso, sería un aporte, me dijo. Me amó. Se me acercó el Gutiérrez, que era un flaco que usaba frenillos y se peinaba con gomina y me preguntó que si yo era siempre
así. Le dije que no.
9:15 A.M.: En el recreo nos juntamos con el Carreño, el Caro y el Jamón Palta y nos fuimos a comprar una chaparritas con Coca Cola. Yo me tomé un café. Nos quedamos en el patio esperando que llegara el profesor de matemáticas, pero no llegó, así que Carreño se consiguió una pelota con el profe de Educación Física y se pusieron a jugar a mantener la
pelota en el aire, y al que la tiraba lejos o se le caía, todos le pegaban una patada. Yo me quedé apoyado en la pared, tomándome el café, pero la verdad es que me estaba haciendo el leso. Soy demasiado malo para la pelota, y no quería quedar de nerd con los más carreteros
del curso. Me estaba yendo a la sala cuando el Carreño me invitó a jugar con ellos. Le dije que no tenía ganas, pero me insistió. Y ahí estaban los diez tipos más malos del curso esperándome. Tuve suerte: la pelota nunca me llegó y lo único que hice fue pegarle patadas a tres compañeros. Nada une más a los estudiantes que jugar a patearse. Yo ya era uno de ellos.
10:04 A.M.: Me habían dicho que la profesora de castellano se parecía a la sargento Moss de Locademía de Policía, pero no pensé que tanto. Era igual: chica, con carita de mono y con un agudo e insoportable timbre de voz. Ese día teníamos prueba del libro Coronación, de José Donoso, pero la postergamos indefinidamente. Al final, nunca la dimos. De repente,
y a pito de algo que no tengo muy claro, la profe se puso a hablar sobre el entendimiento entre las personas y sobre el poco respeto que los jóvenes tenían por el resto. En eso entró a la sala el Leal, un tipo que había optado por su walkman en vez de comunicarse con la sociedad, y que por lo mismo, no molestaba a nadie. Venía atrasado.
¿De dónde viene usted?, le preguntó la profesora.
Usted me dio permiso, le respodió el Leal.
¿Y por qué me contesta así? ¡Tan agresivos que están los jóvenes hoy en día, andan siempre a la defensiva!
A esa altura, ya nadie entendía nada. De José Donoso nos pasamos a una discusión generacional en menos de un minuto. Pedí la palabra.
Profesora, llevo sólo tres días en el colegio, y en realidad he visto mucha gente agresiva y frustrada...
Claro que sí, me dijo poniendo cara de agradecida conmigo.
...pero son los profesores.
Golpe bajo, pero lo disfruté. La profesora me interrumpió al instante diciéndome que yo no podía generalizar, que todos los profesores no eran iguales, que no nos conocíamos y que a pesar de todo lo que yo pensaba, ella tenía la mejor disposición conmigo. Al mismo tiempo yo gritaba que no había redondeado la idea y el resto del curso le decía a la profe que me
dejara hablar. Tuvo que hacerlo.
En todo caso, le dije, se justifica tanto que los profesores sean frustrados como que nosotros los alumnos andemos a la defensiva. Ustedes tienen una rutina que mata, hablan delante de más de cuarenta cabros chicos que no los escuchan y más encima les pagan poco. Es lógico.

Pero piense en nosotros, que nunca podemos ser ni hacer lo que queremos abiertamente. Si el Leal le hubiera dicho que llegó atrasado porque se estaba fumando un pucho en el baño, usted seguramente lo habría castigado. Y así andamos todo el día y todos los días, actuando
delante de los viejos y delante de los profes, sin poder contarle a nadie que fumamos, que tomamos o que nos acostamos con la polola. Es lógico también que andemos a la defensiva.
Vino un silencio fugaz y estaba listo para los aplausos, pero tocaron el timbre y la profe prefirió pasar materia: el uso de la coma. A los días me enteré que la señora había empezado a averiguar mis antecedentes en la dirección y que le comentó a mi profesora jefe que el chico nuevo era muy grande para el curso y que debería estar en la nocturna.
12:30 P.M.: Después de una larga hora de Historia con Murmullos nos tocaban dos de biología. Con el Negro Carreño y el Caro nos daba lata quedarnos y decidimos escaparnos.
Había que hacerlo por la puerta de atrás, que era más chica, aprovechando que otros cursos salían temprano. El problema es que había un inspector de punto fijo, y mientras más lo pensábamos, menos gente salía y más fácil se hacía que nos pillaran.
Salgamos conversando relajadamente, les dije, como si nada. Esa técnica siempre me funcionó en mi colegio.
Háblame, háblame le decía al Carreño mientras cruzábamos la puerta. Era extraño, pero a pesar de que muchos riesgos no se corren, la adrenalina igual sube. Cuando estábamos afuera lo celebramos con gritos, como gringos al final de una película.
1:45 P.M.: Cuando el Carreño se fue, llamé a una amiga para que me fuera a buscar al colegio. Se llama Paula y trabaja vendiendo máquinas industriales. Me gusta. Es bonita.
Justo antes de que llegara me puse a conversar con el Andrade, el dealer. Nos mentimos un poco, hablamos de los carretes del fin de semana y estábamos en ese ejercicio cuando llegó la Paula. Se paró al frente del grupo, me tocó la bocina, me subí al auto y la saludé con un beso más apasionado que de costumbre. Después me despedí de los chicos con un saludo militar. Confieso que lo planeé todo. Es que era mi día pop.
Día 4. Viernes 31 de marzo
La convivencia
7:46 A.M.: Hay rituales que se cumplen sagradamente. Como el de llegar sin corbata, encender algunos cigarrillos, juntarse a reclamar en contra del colegio y entrar cuando estén a punto de cerrar las puertas. Todo eso pasa a diario. Ese día era el día de la convi. Con una luca se participaba. Con menos también. La idea era salir de clases, comprar algunas cajas
de vino tinto e irse a una especie de bosquecito que estaba en la Costanera a relajarse un rato. El Gato las organizaba y yo me había ganado la invitación después de los numeritos del día anterior. Por eso, y porque teníamos Educación Física, el viernes era un día muy especial.

12:20 P.M.: Se suponía que todo el curso iría a la convi, pero como era también de suponer al final eran casi los mismos de siempre: el Carreño, el Gato, el Jamón Palta, el Caro, el Jano y otros más que no sé como se llamaban. El René de la Vega no iba a las convis, porque no le gustaba ni fumar ni tomar en la calle. Era el único del grupo del Negro que no
iba a esos carretes.
Íbamos felices. Uno es feliz en el colegio. Todos se creen inmortales. A ratos me sentía así. Esto suena añejo y remoloso, pero más de una vez me pasó por la cabeza la idea de que todo sería tan diferente si uno tuviera el carrete de los 26 a los 18. Y ahí estaba, a punto de ir a tomar vino en caja a una plaza acompañado de tipos de 17 y 18, y contento. Había una
sola botillería que les vendía a escolares. Era la picá. Allí fuimos. La marihuana la había comprado el Caro. El Caro era de los pocos que tenía claro qué hacer en el futuro.
Estudiaba en el conservatorio de la Católica y seguiría en eso. Había repetido tercero medio igual que el Carreño, el Gato y el Jamón Palta. Me caía bien, hablábamos de vez en cuando de lo groso que eran los Inti Illimani, los Quilapayún y la animación de la película The
Wall. Al Caro le provocaba conflictos fumar marihuana, decía que la creatividad y que la mente se le tupía, pero que le era imposible dejarla. Fumar marihuana en el colegio es algo mucho más corriente que por decirlo así en mis tiempos. Los que lo hacían cuando yo
estaba en la media tenían muy claro que era malo fumar pitos, y lo comentaban solamente con los partners. Ahora no. Estabas en el fondo de la sala y alguien te gritaba desde la puerta si ibas a poner plata para comprar una empanada o no. Así de simple. Aunque tampoco es jauja. La poca plata que manejan mis compañeros los obliga a compartir dos
cigarrillos entre una docena de tipos. Y aún así, todos quedan muy volados. A algunos les daba la locura y se bajaban los pantalones y los calzoncillos por un rato.
15:35 P.M.: Me fui de la convivencia sin despedirme de nadie. El vino se había acabado hace rato y a esa hora, la conversación estaba girando en torno a Pinochet y lo mala que era la selección chilena de fútbol. Traté de que habláramos un rato del futuro, pero esa palabra tiene un aire a nebulosa y tabú que la hace aburrida para la edad. El Carreño quería ser
profesor de biología, al Jamón Palta le gustaba la ingeniería y el resto vería con puntaje en mano alguna carrera universitaria. Pero a nadie parecía importarle demasiado el tema. Y yo sólo quería dormir una siesta.
Día 5. Lunes 3 de abril
La profesora jefe
8:00 A.M.: Algunos datos que seguramente mi editor no publicará: hoy es el cumpleaños de mi ex mujer, el fin de semana estuvo duro y no tenía ganas de venir al colegio. Amanecí con ganas de emborracharme y pensar en lo mucho que amé a esa mujer y en lo fácil que
fue olvidarla. Mientras echaba los cuadernos en la mochila pensé en llamarla para contarle lo que estaba pensando. No lo hice porque iba a llegar atrasado y no tenía justificativo. Hoy conocería a mi profesora jefe. Desde que entré al colegio que, entre inspectores y compañeros de curso, me contaban lo rica que era la profesora jefe. Algo más: enseñaba
Artes Plásticas, lo que llevó mi imaginación a territorios lejanos y abiertos. El sábado le había comentado a mi amigo que todos decían que la profesora jefe era muy rica, y a él se le ocurrió decirme lo grande que sería si me la engrupía, y la idea me gustó. Fantasía erótica al alcance. Seguramente seríamos de la misma generación y podría mandarme
engrupir con el tema de la pintura y el arte y ella pensaría en lo mucho que sé a mi edad y me encontraría especial y todo eso. Pero esto no es una película de John Cusack, así que, como era obvio, nada pasó.
La realidad era que la profesora efectivamente era rica y tierna (chiquitita, rubiecita, chaleco de lana, camisa artesanal), pero se veía mejor porque enseñaba en un colegio de hombres. Mis compañeros se sentaron en grupo y terminaron de dibujar un zapato, con
lápiz número 2 y en degradé. Yo no me atreví a hacer el ridículo y me dediqué a conversar con el Jano y el René de la Vega, que estaban sentados en la misma mesa. Cuando me había presentado a la profesora, noté que la noticia de un alumno nuevo en su curso le pareció,
por lo menos, extraña. Me miró como cuando uno mira a un amigo que sabe que está mintiendo, pero que no lo puedes contradecir. Ella ya sabía de mí. Cuando se acercó a la mesa para ver cómo trabajábamos en el zapato, el Jano me estaba dando algunas pautas que se usaban para pasar más fácil por el colegio.
No le haga caso a los malos consejos de sus compañeros más viejos, me dijo. No los necesito, le contesté.
Me miró con más desconfianza que antes. Para bajarle el perfil al asunto, le dije que para mí el colegio era muy fácil de pasar: había que ir a clases, leer los libros que dan y no llamar mucho la atención. Hubo un segundo de silencio, hasta que el Jano le dijo lo muy enamorado que estaba de ella y la profesora le preguntó por su polola y éste le contó que lo
habían pateado. No sé cómo empezamos a hablar de las relaciones de pareja con la profesora, pero en un momento me vi preguntándole si era casada, si tenía hijos y si era feliz en su matrimonio. Era casada, tenía un hijo y me dijo que sí, era feliz, pero que tenía sus momentos complicados. Estaba a punto de preguntarle por esos momentos cuando se
dio cuenta de lo que estaba haciendo y me preguntó que cuándo le entregaría el dibujo del zapato. Yo le dije que el próximo lunes, y se fue a otra mesa.
10:45 A.M.: En el Consejo de Curso se pararon adelante el Jano y el Gato, que eran el presidente y vicepresidente, junto al tesorero. Mientras el Jano trataba de ponerse serio, cada intervención del Gato era un chiste. La tabla empezó con un problemita: habían prohibido el ingreso a la biblioteca de Providencia a todos los alumnos del colegio porque
un grupo había peleado con los guardias y habían destrozado algunos libros. El segundo punto fue hacer un acuerdo entre todo el curso para que en las disertaciones de filosofía en las que la mitad de la nota la ponían los compañeros todos se pusieran un siete. Yo les dije
que eso era poco ético, pero como lo dije en broma causó gracia. Después habló el tesorero para que pagaran las cuotas y la profesora amenazó con poner anotaciones negativas a los que se atrasaran.
13:10 P.M.: Con el Jamón Palta y el Carreño nos queríamos tomar unas cervezas. La íbamos a comprar en la picá y tomar en la Costanera, pero me acordé que el Negro tenía 19 y el Jamón Palta 18, así que los invité a tomarse un schop en Bellavista. Ellos pensaban que era imposible que nos vendieran con uniforme, yo les decía que igual nos venderían. Así
fue. Los garzones nos hicieron sentarnos adentro de la fuente de soda, pero ni siquiera nos pidieron el carnet de identidad. Nos tomamos dos schops cada uno. Yo invitaba. Hablamos de peleas en las que habíamos ganado, de las veces que nos habían asaltado y de mujeres
también. El Negro me estaba contando una historia con su polola y le pregunté a qué se dedicaba su suegro que tenía tanto dinero, y me dijo que tenía una fábrica de cocinas que le vendía a Homecenter y a Home Depot. Yo conocía a su suegro, era amigo de mi vieja, y el Carreño había estado una vez en un cumpleaños que mi vieja le celebró en su casa al papá de su polola. Lo conocía y me reconoció.
Yo sabía que te había visto antes, pero en ese tiempo usabas barba, me dijo. Claro, le dije, y traté de cambiar el tema, pero sabía que algo no le cuadraba. Pensé en llamarlo a su casa más tarde para pedirle que no comentara cualquier cosa que supiera de mí, pero no lo hice. En una de esas no se daría cuenta de nada.
Día 6. Martes 5 de abril
Soy artista
8:10 A.M.: Llegué atrasado. El inspector que estaba en la puerta no me quería dejar entrar porque no tenía libreta de comunicaciones. Yo quería entrar porque había prueba de matemáticas. Masoquismo puro. Pero el inspector no quería que entrara, así que tuve que contactar a uno de los dos funcionarios que sabían de mi trabajo para que hablara con el
caballero. Cuando se enteró, me acompañó conversando hasta la sala.
Así que es periodista, ¿y de dónde?
Bueno, este trabajo es para El Mercurio.
¿Y cuál es la idea del reportaje?
Contar lo que pasa en un colegio no más, pero según alguien que salió hace diez años. Una cuestión generacional.
No tenía ningún interés en seguir con el diálogo, no por mala onda, sino que conversar con alguien que sabía que era periodista no me agradaba nada. Estaba a punto de hacer un desvío para el baño, cuando me hizo una profunda confesión:
Sabe, yo aparte de ser inspector, soy artista. Pinto cuadros.
Qué bueno.
Sí, y tenemos un grupo de artistas que nos estamos promocionando y yo quería saber si hay la posibilidad de que nos hagan un artículo, que se publique algo sobre nosotros. Pero tiene que exponer o algo parecido para que haya información.
Si eso mismo les digo yo al resto, que tenemos que exponer primero o si no nadie se va a interesar. Claro, pero por cualquier cosa, llámeme. En todo caso, guarde el secreto hasta que me vaya de aquí.
Por supuesto, no se preocupe.
Ninguno de los dos tenía lápiz ni papel a mano, pero quedó la promesa de intercambiar números.
Día 7. Miércoles 5 de abril
La muela
7:00 A.M.: La noche anterior no pude dormir porque me dolía una muela. Me quedé en la casa de mi vieja, que se encargó de recordarme las muchas veces en que me dijo que fuera al dentista. Como a las 6 y media bajó a despertarme diciéndome la hora que era y lo tarde que llegaría al colegio. No quiero que te hagan problemas para entrar como ayer, me dijo.
Yo le dije que así no podía ir a clases y se enojó.
Tienes que ir al colegio, no puedes faltar. Anda al dentista y después te vas a clases.
Mamá, ya no estoy en el colegio.
Mi vieja es directora de una escuela subvencionada en Maipú.

Día 9. Viernes 7 de abril
La guata delata
8:06 A.M.: Los viernes me tocaba Literatura. Se me olvidó hacer la tarea que habían dado y el profesor me dijo que así no funcionaba el asunto. Estaba claro que el profe Gallardo no estaba pasando por un buen momento. No es casual que escogiera solamente poemas que
hablaban de querer morir y estar cansado de todo.
Hoy fue un día de esos raros. Algo pasaba. O, mejor dicho, ya no pasaba mucho. Los profesores continuaban clase a clase con el mismo genio, con las mismas rabietas y con la misma y abúlica técnica del monólogo frente al pizarrón. Las bromas de mis compañeros comenzaron a sonarme como versiones sobre versiones de cuentos demasiado repetidos.
Jugar a patearse ya no era divertido. Aparte de una que otra conversación de rock con el Leal, las mañanas pasaban cada vez más lento.
9:51 A.M.: No hice Educación Física porque no podía, por esto de la muela. Pero sí aproveché el mal ánimo para darme cuenta de que la guata podría haberme delatado. No era el más guatón del curso, había otros, no muchos, pero había otros. De todas formas, a esa
altura el Carreño ya me decía Pablo. Esto no lo debería contar, pero me pusieron Pablo Mármol, y da vergúenza reconocer que es uno bueno. Me parezco. En el colegio me decían Kiefer, por Kiefer Sutherland, y ahora me decían Pablo Mármol. Los odié un segundo. Con el René de la Vega teníamos un trato en el que él no me decía Pablo Mármol y yo lo
llamaría Elvis en vez de René, que es algo más honroso. Lo importante fue darme cuenta que una ducha en público me habría descubierto. Dicen que la cerveza produce todos esos estragos con el paso de los litros. Sí, creo que desnudarse frente al curso puede haber sido un error.
12:15 P.M.: A la salida, me junté con un par de tipos del curso del Andrade, para caminar juntos al paradero. La placita estaba llena de lolitas y lolitos fumando con uniforme. La mayoría era más chico que nosotros. Uno de los que me acompañaban miró a un par de
niñas que estaban apoyadas contra un muro y me dijo que estaban ricas.
-¿Querís conocerlas? Vamos a hablar con ellas me envalentoné.
No quiso, pero igual fui solo. Mientras más me acercaba más feas las encontraba, pero me acordé de lo guata de lata que uno puede llegar a ser en el colegio, así que seguí. Las experiencias de un adolescente ávido de experiencias casi nunca van de la mano con la calidad. Las saludé. Se llamaban Claudia y Loreto, iban en un colegio desconocido, con
más números que letras, tenían 16 y 15 años y estaban haciendo hora porque querían llegar atrasadas. Iban en la tarde, en segundo medio. Tan tan fácil no es engrupirse a niñitas de quince. Hay que ser divertido todo el rato, casi idiota. Nada de temas profundos ni de problemas de parejas. Cuando se acercaron los otros dos tipos me fui. Quedé invitado a una
fiesta que iban a hacer el sábado en la casa de una compañera de curso. No, no fui. Soy inocente.
Día 10. Lunes 10 de abril
El sospechoso de siempre
7:44 A.M.: El domingo había visto Magnolia. Cuando les conté a mis compañeros de lo buena que era Magnolia me preguntaron qué era eso. Fin del tema.
9:06 A.M.: Para Artes Plásticas la profesora nos había pedido que lleváramos frutos secos para dibujar. Un compañero llevó un ají. Nadie más se acordó, así que fuimos a una plazuela que había dentro del colegio y que tenía un letrero con el nombre de la directora, y recogimos unas hojas secas del suelo. La profesora se acercó a la mesa en cuanto partió la
clase. Quería hacerme algunas preguntas.
¿Y usted tiene apoderado?
Claro que sí, como todo el mundo.
¿Y quién es?
Mi mamá, como todos.
Quiero que venga el viernes.
Voy a preguntarle si puede.
No sé, a mí su historia me parece muy surrealista.
En ese momento, el Jano interrumpió para preguntar qué era ser surrealista. Y la profesora le explicó. El cuento es que ella sabía algo, o lo sospechaba por lo menos. Después me dijo que todo le parecía muy extraño, y que averiguaría quién era yo, porque le preocupaban sus
niños. Yo la felicité por su vocación y me fui de la sala. Estuvo cerca. Más tarde me enteré que había hablado con diez alumnos de su confianza para que me vigilaran en clase y después le informaran de mis actitudes. Esos eran los nerds que se me acercaban de vez en cuando a hacerme preguntas. De todas formas había que sacar las fotos luego antes de que
se descubriera todo.
Para mí que vos estai haciendo un reportaje y nos vai a sapear a todos, me dijo el Jano. Sí, y para El Mercurio más encima le respondí, y los cuatro que estábamos en la mesa nos pusimos a reír.
Después les conté que era informante del gobierno y que era hijo de la directora, y que queríamos sacar del colegio a todos los drogadictos.
12:30 P.M.: En el consejo de curso el Jano y el Gato pidieron que no se fuera nadie porque había muchos temas que tratar. Yo estaba seguro que iban a decir algo así como hemos descubierto a un periodista infiltrado en el curso, ¡golpéenlo! Estaba preparado, tenía mi mochila puesta y el camino para arrancar de la sala mentalmente listo. Pero no pasó nada,
todo lo contrario. La profesora no llegó y la mitad del curso terminó escondiéndose las mochilas y tirándose papelitos mojados.
Día 12. Miércoles 12 de abril
Último día nadie se enoja
8:00 A.M.: A pesar de comenzar el día con la horrible clase de Historia, estaba tan contento como el primer día. En la entrada nos habíamos separado con el fotógrafo para que no se notara nada raro, aunque yo sabía que corrían comentarios cada vez más fuertes sobre el
alumno nuevo. Esa mañana llamaron al Carreño a la oficina del sub director y le hicieron preguntas sobre mí, sobre cómo me comportaba y cosas así. El Negro dijo que le caía bien a todo el mundo, pero que si algo pasaba, él demandaría al colegio. Era divertido ver al fotógrafo en el recreo haciéndome tomas desde lejos. Lo único que esperaba era que no me saludara. Quería salir bien del asunto.
9:25 A.M.: Tenía muchas ganas de estar en la clase de Filosofía. Me habían dicho que el profesor era loquito y que hacía las clases con un par de garabatos entremedio. En la clase hubo disertaciones sobre el método Cartesiano y la revolución de las flores. Después de la segunda disertación me acerqué al profesor y le pregunté si consumió drogas en el tiempo
de la revolución de las flores, y me dijo que una sola vez, pero que le había hecho mal.
10:30 A.M.: En el patio habían montado una exposición con stands de distintos institutos y universidades. También había uno de la Policía de Investigaciones. Yo me quedé en el del Instituto Nacional del Fútbol. Una de las promotoras era una hincha del Audax que siempre sale en la tele. Estaban todos pidiendo folletos de la Chile y de la Católica, a las otras no las pescaban. Uno de mis compañeros quería postular a la Fuerza Aérea, pero me dijo que si no quedaba seleccionado, se metería a Investigaciones y sería bien corrupto, para que valiera la pena. Al Jamón Palta le gritaban que para qué pedía folletos si no le iba a dar el puntaje
para entrar a la U. El Caro estaba apestado. Decía que no estaba ni ahí con todo eso, pero igual lo vi pedir un folleto como escondido.
10:50 A.M.: El fotógrafo se metió a la sala en la clase de Química. Mientras sacaba fotos algunos se preguntaban qué pasaba. Otros le preguntaron a él directamente. El problema era que me sacaba demasiadas fotos a mí. Todo mal. Podía sentir las miradas del Jano, el
Carreño y el Gato. Saliendo de clases me encontré con la profesora jefe, y me llevó a una sala que estaba casi desocupada.
Sé quién eres, me decía al mismo momento en el que llegó el fotógrafo y comenzó a sacarnos fotos. Ante eso, no servía de mucho seguir con el misterio. Primero me tapó con preguntas y después me dijo que le parecía divertido. Yo le dije que no se preocupara, que la idea no era denunciar a nadie en especial, y aprovechó de preguntarme si yo sabía
quiénes consumían drogas en el curso, sólo para ayudarlos. Le dije que no.
12:30 P.M.: El Leal se había ido para la casa igual que el Elvis, así que fuimos el Caro, el Carreño, el Jamón Palta y yo a tomar cervezas. En el camino les conté que era periodista y que estaba trabajando en el colegio. El Caro era el más sorprendido. Al Jamón Palta parecía no preocuparle mucho la diferencia, pero el Carreño fue la sorpresa. Se trataba del tipo con el que lejos había tenido una relación más estrecha, más confidente. Yo creí que sería una novedad para él mi confesión, pero me dijo que ya lo sabía desde el día en que fuimos a tomarnos unos schops a Bellavista, porque así como se acordaba de mí con barba en aquel cumpleaños de su suegro, también recordó a lo que me dedicaba, pero no le contó a nadie.
Según el Carreño, se notaba que yo era más viejo porque gastaba mucha plata en el kiosco y porque siempre andaba regalando cigarros. Y por la manera como me sentaba, que era como suelta. El Jamón Palta me dijo que todos fuman Derby o Belmont, y que nadie anda regalando Luckies. El Carreño me dijo que también se notaba en las preguntas que les hacía
a los profesores, sobre todo en Economía. Y porque tomaba mucho café. El Caro me dijo que de todas formas le parecía increíble estar conversando con un periodista que había sido compañero de curso. Quedamos en no perder el contacto y no usar los nombres verdaderos
en la historia.
Cuando nos íbamos del departamento, el Negro me hizo una pregunta con cara de serio: Y tú, ¿qué opinái de nosotros ahora que estuviste en el colegio?
Nada especial, Negro. Que les vaya bien, nada más.

21 de Abril de 2000