Los chascarros periodísticos del siglo
La revista Columbia Journalism Review, considerada la mejor publicación norteamericana sobre periodismo, recopiló los mayores errores cometidos por los medios de prensa más influyentes. En Chile los periódicos y canales de televisión también son responsables de chascarros memorables, pero sin que éstos hayan tenido una repercusión mundial.
"Todos los pasajeros del Titanic están a salvo", fue el titular de portada del diario Evening Sun, de Baltimore, tras el hundimiento del barco más famoso de la historia, en abril de 1912. Más de mil pasajeros del buque perecían en el mar, pero Los Angeles Express se dejó llevar por el optimismo y repitió al día siguiente el "fatídico" titular, que se convirtió en la mejor prueba de que una "buena noticia" no siempre es bienvenida. El hundimiento del Titanic fue la mayor desgracia naviera del siglo XX, pero también una de las tragedias mediáticas más lamentables, según la revista Columbia Journalism Review (CJR), que recopiló los mayores errores y fraudes periodísticos de la centuria. The Wall Street Journal, por ejemplo, fue uno de los grandes diarios que "hizo agua" durante la cobertura del desastre. Este periódico económico cometió el disparate de publicar, a los pocos días del accidente, una nota en la que agradece a los constructores de la nave por el supuesto avance tecnológico que generó su puesta en marcha: "La gravedad del hundimiento del Titanic es aparente dice el análisis de The Wall Street Journal porque lo realmente importante es que el buque cumplió: la razón de esta maravilla es que el casco hermético era realmente hermético". Los responsables del Evening Sun y Los Angeles Express se equivocaron groseramente por tres razones: le creyeron a los expertos que validaron una y otra vez la supuesta infalibilidad del Titanic, confundieron dos llamados de emergencia y dieron rienda suelta a sus reporteros, "impacientes por ganar la competición con noticias casi verdaderas que sólo deben ser corregidas, como era la supuesta insumergibilidad del barco", explica el redactor de la CJR, John Leo. Quiso la mala fortuna periodística que justo el día en que el Titanic se convertía en leyenda y en materia prima para uno de los mejores negocios cinematográficos, otro buque averiado fuera remolcado paralelamente a Halifax, al sureste de Canadá, muy cerca de donde se hundió el crucero inglés. Los radioaficionados que escuchaban ese día los mensajes en clave morse que se transmitían de barco en barco, informaron sobre el rescate de aquel petrolero anónimo que era arrastrado sin mayores complicaciones hasta el puerto más cercano. Sin embargo, hubo radioaficionados que captaron la transmisión cuando ya había empezado y asumieron que el buque rescatado era el Titanic. En el periodismo mundial existe una plaga tan dañina como la mala cobertura de los accidentes: los mentirosos. Y los diarios The New York Times y The Washington Post han sufrido sus efectos. El Post ha escrito algunas de las páginas más gloriosas del periodismo de investigación y se enfrentó valientemente al gobierno de su país al descubrir la conexión entre el caso Watergate y Nixon. Sin embargo, también amparó a una de las mitómanas más populares de Estados Unidos: Janet Cooke, quien ganó el premio Pulitzer en 1980 tras publicar "El mundo de Jimmy", la historia de un niño negro adicto a la heroína. El dueño del Post, Donald Graham, escribió sobre la atractiva reportera negra que obtuvo el premio con sólo 26 años: "En este diario necesitamos personas como tú, porque la gente forma parte de tus historias". Pero Graham debió comerse sus palabras y Janet Cooke, devolver el Pulitzer: el mundo de Jimmy sólo existía en su imaginación. "Era una historia tan buena que no necesitó ser chequeada", alegó el Post más tarde, quizás con la remota esperanza de ser disculpado. En el libro "La vida de un periodista" (El País-Aguilar), el ex director del Post, Ben Bradlee, el mismo que hundió la carrera de Nixon, narra que después del escándalo revisó el currículum que había presentado Janet Cooke cuando fue contratada. En él aseguraba que había pasado por las mejores universidades europeas obteniendo las más altas calificaciones, que hablaba cuatro idiomas y que era una eximia pianista. "Un chequeo de sólo un par de horas seguramente habría dejado al descubierto su ficción del pasado escribe John Leo, pero nadie hizo el esfuerzo". Por eso un reportero del Post dijo más tarde, cuando ya se sabía toda la verdad: "Habría tenido que ser al menos unos 10 años más vieja para haber realizado todo lo que decía haber hecho". Existe otro mitómano a la altura de la Cooke: Walter Duranty, corresponsal del Times en Moscú durante la dictadura de Stalin, quien al poco tiempo de llegar a la capital de la desaparecida Unión Soviética se convirtió en uno de los más fervientes defensores del sucesor de Lenin. Cuando Stalin condenó a morir de bulimia a los habitantes de Ucrania con el objetivo de romper la resistencia que existía en esa nación hacia el poder comunista central, Duranty contó a los lectores del Times: "Cualquier informe de hambre en la URSS hoy es exageración o propaganda maligna". Y cuando en 1933 la hambruna sencillamente arrasó con los ucranianos, Duranty escribió en las páginas del periódico más influyente de Estados Unidos: "En los mercados de este pueblo sobran huevos, granos, frutas, verduras, leche y mantequilla a precios más bajos que en Moscú, por lo que hasta un niño puede notar que esto no es hambre, sino abundancia". ¿Resultado?: 10 millones de muertos como consecuencia de la falta de alimentos, según confesión del propio timador. Pero Duranty ya había recibido el Pulitzer por "su profundidad, imparcialidad, rigurosidad y claridad". Al menos tres mentiras en una sola frase. La revista Stern de Alemania anunció en 1983 "el mayor golpe periodístico de la post-guerra: los diarios inéditos de Adolfo Hitler", que supuestamente habían sido descubiertos recientemente. Todo el mundo se creyó la historia: el magnate australiano de las comunicaciones Rupert Murdoch compró los derechos por 400 mil dólares (cerca de 200 millones de pesos actuales) para su publicación en Gran Bretaña y sus ex colonias, y Paris Match se comprometió a pagar una cifra similar. Newsweek fue más lejos y sin esperar una confirmación sobre la autenticidad de los documentos, los publicó sin demora. También en este caso la historia era tan atractiva que daba lo mismo si era cierta o no. Así lo expresó claramente la propia Newsweek desde un principio con la siguiente sentencia: "genuinos o no, al final casi no importa". Se piensa que ésta es la primera vez que un gran medio de comunicación le pide derechamente a sus lectores: "No permitas que la realidad arruine una buena historia". No pasó mucho tiempo antes de que se descubriera que los diarios eran apócrifos. Incluso Hitler había agregado, supuestamente, algunos párrafos durante los días posteriores al atentado que sufrió en julio de 1944, que inmovilizó sus brazos. Pero si la revista Newsweek se dejó llevar por el entusiasmo con los diarios del líder nazi y publicó un error ajeno sin confirmar su veracidad, a su competidor directo, Time, le ocurrió algo parecido el año pasado. La cadena CNN, propiedad de los mismos dueños de Time, emitió el 7 de junio un reportaje que traería "cola": "El valle de la muerte". En él, la cadena de noticias por cable aseguraba que durante la guerra de Vietnam, fuerzas especiales de Estados Unidos en misión secreta en Laos habían arrojado gas sarín sobre desertores norteamericanos. El escándalo y la indignación en Estados Unidos fueron mayúsculos y se iniciaron las investigaciones de rigor, sin que se obtuviera ninguna prueba de que tales maniobras se hubieran materializado. Al contrario, se comprobó que una de las fuentes de la CNN había presentado una fotocopia en la que se leía borrosamente "CBU-15", un explosivo ordinario, y no "CBU-25", el mortal gas sarín que había alertado a los reporteros de la cadena. La revista Time, que iniciaba una serie de colaboraciones directas con CNN, ya había publicado la versión escrita del reportaje con un escéptico titular que no le valió de mucho si quería protegerse de la lluvia de desmentidos: "¿Usó Estados Unidos el gas sarín?". No pasó siquiera un mes antes de que el presidente de la CNN, Tom Johnson, emitiera una retractación formal y se disculpara por los errores cometidos. Como en la mayoría de los grandes chascarros periodísticos de la historia, todos los desaciertos de la CNN se reducían a uno: ante la duda, publicar. ¿Resultado?: los productores April Oliver y Jack Smith fueron despedidos, la productora ejecutiva Pam Hill renunció y el veterano corresponsal de guerra que apareció en el programa, Peter Arnett, cayó en desgracia. Time ya se había equivocado rotundamente cuando en un flash lanzado en su página web había declarado culpable a O.J. Simpson, contradiciendo la decisión del jurado que lo consideró inocente. Es decir, había ocurrido exactamente lo contrario. Lo mismo le pasó al Chicago Daily Tribune cuando presentó el titular más famoso de la historia política de Estados Unidos: "Dewey derrota a Truman". También en este caso finalmente ocurrió lo contrario: el demócrata Truman vapuleó a su contrincante republicano. Este periódico publicó el 27 de abril de 1997 un suplemento especial para conmemorar sus 150 años de existencia y, por supuesto, el gran condoro ocupó un lugar privilegiado: "La foto más memorable de la historia del Chicago Tribune (en ella se ve a Truman riendo con un ejemplar del diario que lo condenaba a perder) fue tomada por un outsider". En Estados Unidos el control de calidad de los periódicos es, con toda seguridad, el más riguroso que existe. Aún así, siguen publicándose errores, mentiras e incorrecciones todos los días. Son los gajes del oficio. Los editores de CNN, The Washington Post y The New York Times dijeron tener muchas dudas antes de publicar o emitir esos reportajes que enlodaron, al menos durante un tiempo, el prestigio de sus medios, pero finalmente igual decidieron seguir adelante, a pesar de que tuvieron mucho tiempo para rehacer o rechazar aquellas historias que despertaban tantas suspicacias. Por desgracia el tiempo es es un lujo que tiende a desaparecer. En los tiempos del periodismo de alta velocidad, con internet a la mano, los riesgos son cada vez mayores y las decisiones se toman bajo más presión. Definitivo: el mayor engaño periodístico publicado en Chile en los últimos 50 años apareció en la portada de la antigua revista Vea el 10 de diciembre de 1953. Ese día, el semanario que se caracterizó por exhibir algunas de las fotografías e historias más truculentas, fusiló, literalmente, al delincuente Alfonso Carreño Meneses, alias "el evangélico". En la página 13 de aquella edición, el redactor de la nota principal dio rienda suelta a su prosa galana y le puso todo el color necesario para que su crónica roja alcanzara la inmortalidad literaria. Así narró paso a paso los últimos momentos del parricida, desde que fue notificado de la condena a muerte por el juez hasta que sentó sus posaderas por última vez en este mundo, precisamente en el frío patíbulo de la cárcel de La Ligua. "Carreño escuchó con atención la lectura de la sentencia escribió el inspirado reportero policial; luego, el rechazo del recurso de la revisión extraordinaria; finalmente, el cúmplase firmado por el juez de La Ligua. Las últimas frases eran claras y definitivas: debía morir. Tartamudeó. Alzó impotente sus manos esposadas y con tranquilidad rompió el silencio que se produjo al término de la lectura del `cúmplase'. Sólo se limitó a decir: `¡Hasta cuándo me van a tener amarrado. Ojalá que me maten luego!'. Fue engrillado y acompañado de un vigilante y del cura párroco de La Ligua, don Angel Custodio Flores; conducido a la celda de aislamiento, en la cual permaneció hasta el instante en que se marchó hasta el patíbulo". Así pasó a mejor vida el fusilado número 39 de la historia procesal chilena. Al menos eso aseguró Vea. Porque la verdad es que a última hora la condena fue suspendida, Alfonso Carreño vivió otras dos semanas y quedó clarísimo que el semanario había inventado toda la ceremonia mortal. No podía ser de otra forma: el juez de La Ligua había prohibido, según recuerdan algunos periodistas veteranos, la presencia de los medios de comunicación en la cárcel. La copia de la revista Vea de entonces que se puede leer en la Biblioteca Nacional está completamente tachada y corregida a mano. Así, por ejemplo, sobre el titular de la nota principal que originalmente dice "Cuatro días duró la agonía del condenado a muerte número 39", se cambió la "ó" del verbo "duró" por una "a", con el objetivo de actualizar la información. Para intentar ocultar el mayor fraude periodístico de las últimas décadas, los "ágiles" de la antigua revista Vea utilizaron un lápiz scripto muy ordinario. Y para que no hubiera dudas sobre la honestidad de sus profesionales, cuando realmente fue fusilado "el evangélico", 15 días más tarde, el semanario presentó una secuencia fotográfica en la que se observa claramente cómo las balas de los gendarmes destrozan el pecho de Carreño, el número 39. El Papa y Paul SchÙfer Las fotografías que aparecen todos los días en los diarios y revistas de Chile son las protagonistas de algunos de los chascarros más memorables. La Tercera cometió un error grueso el 24 de abril del año pasado cuando publicó en su primera página "la última foto de Paul SchÙfer". En la portada de este matutino apareció un hombre con ojos oscuros y birrete, tomada en 1996 durante la realización de una cicletada en la ex colonia Dignidad. Pero la foto no era de SchÙfer, tal como reconoció La Tercera al día siguiente. El Mercurio lamentó otro error gráfico de proporciones publicado el 9 de abril de 1987. Ese día el matutino tituló en su portada: "Identificados violentistas del PC en el Parque. Por organismos de seguridad". Cuatro fotografías acompañaban la nota. En dos de ellas estaban individualizados Iván Enrique Barra Stuckrath y Jorge Ernesto Jaña Obregón. En las otras aparecían los dos universitarios, supuestamente, en manifestaciones políticas. Los jóvenes no alcanzaron a ver sus rostros en la primera página del diario. Tampoco alcanzaron a desayunar: habían sido detenidos esa misma madrugada, en sus hogares, por miembros de la CNI. La condena fue suspendida, Carreño siguió viviendo y quedó claro que Vea inventó toda la ceremonia mortal Sin embargo, la detención fue breve. Una semana tardó el juez civil Marco Aurelio Perales en absolverlos por falta de pruebas. El fiscal militar Lorenzo Andrade tomó la misma determinación un día después y los puso en libertad. Los dos supuestos violentistas no pertenecían al Partido Comunista ni habían estado en el Parque O'Higgins el día en que éste "ardió" en presencia del Papa. Tampoco se peinaban tan ordenadamente como aparecían en las fotografías. La revista Hoy también cambió una foto y lo lamentó. El 22 de enero de 1996 ese semanario presentó en su portada la imagen de "El asesor secreto de Pinochet" que correspondía, supuestamente, a Sergio Rillón. Sin embargo, el aludido desmintió, a través de La Segunda, que fuera él quien aparecía en aquel documento gráfico. La imagen correspondía a Orlov Dubrock Wisgin. Lapsus deportivo "Colo Colo, sólo con lo justo y necesario", fue el titular de la noticia que presentó La Época en su página 24, el 24 de agosto de 1988. La noche anterior, según el matutino, el equipo más popular e importante de Chile había derrotado 2-0 al Marítimo de Venezuela, clasificando para la siguiente ronda de la Copa Libertadores. El reportero de La Época había seguido el encuentro entre Colo Colo y el Marítimo, y escribió una nota que cumplía con todos los requisitos que exige una buena información deportiva: entregó las alineaciones de Colo Colo y del Marítimo, las anotaciones del cacique, las ocasiones desperdiciadas por los venezolanos, del Marítimo, y la molestia que produjo a los visitantes, los jugadores del Marítimo, la anulación de un gol legítimo. El redactor también hizo el llamado de portada de ese día, en el que se anunciaba el triunfo de los albos sobre el Marítimo. La información sólo tenía un problema: durante la noche anterior Colo Colo no le había ganado al Marítimo, sino al Tachira, también de Venezuela. Colo Colo ya había derrotado al Marítimo el viernes previo por 1 a 0. El periodista de La Época se había mareado con tanto Marítimo. Miterrand y Pinochet Así como al Chicago Tribune le fue pésimo con las elecciones presidenciales norteamericanas que enfrentaban al republicano Dewey y al demócrata Truman, al dar como vencedor al primero, al comentarista internacional del Canal 13 recientemente fallecido, José María Navasal, le pasó algo parecido el 9 de mayo de 1981. Entonces Navasal "se cayó" ostentosamente en su comentario habitual de Teletrece cuando aseguró que, al día siguiente, el candidato derechista Valery Giscard d'Estaing derrotaría sin problemas al socialista Francois Mitterrand en la votación presidencial francesa. ¿Resultado?: Mitterrand venció a su contrincante y gobernó Francia durante 14 años. Los que escuchaban a Navasal aseguran que éste nunca más volvió a realizar pronósticos electorales. Sí siguió haciendo vaticinios y con igual mala fortuna su compañero del Canal 13 Claudio Sánchez. En Londres, el 25 de noviembre de 1998 el corresponsal en viajes de Teletrece lanzó una frase que le traería más de un problema: "El fallo sería favorable". Se refería, por cierto, a la primera votación que media hora más tarde realizarían cinco lores jueces británicos para decidir si Pinochet permanecería detenido o sería puesto en libertad. Para desgracia del senador vitalicio, y también de Sánchez, la votación fue 3-2 a favor de confirmar la detención. La polémica frase lanzada por el periodista del Canal 13 sirvió para exacerbar aún más el rencor perenne que le tienen muchos antipinochetistas. Para intentar ocultar el mayor timo periodístico, los "ágiles" de Vea utilizaron un lápiz scripto muy ordinario Curiosamente, muchas personas recuerdan con más facilidad los condoros que cometen los periodistas de televisión, que aquéllos publicados en los diarios y revistas. La supuesta inmediatez desmemoriada de la tele no es tal. Las equivocaciones registradas frente a las cámaras persiguen a los reporteros durante años, aunque no tengan mucha importancia. Ha pasado casi una década, pero todavía hay personas que se acuerdan de la confusión que sufrió una reportera del Canal 7 con dos ministros en una parada militar. Seguramente muchos otros recordarán durante bastante tiempo que hace pocos días en ese mismo canal otro periodista repitió, cuatro veces en una misma nota, "epidemia de influencia" en vez de decir "epidemia de influenza". Si el error hubiese salido impreso, es posible que pocos se hubiesen dado cuenta. ¿Acaso alguien se acuerda de que en el diario La Nación un gracioso escribió "Sandrino, ¿te tomai la otra?" en una nota en la que el ex delantero de Universidad de Chile Sandrino Castec intentaba, precisamente, desmentir su presunta debilidad por el vino tinto y del otro? ¿O alguien se acuerda de que en El Mercurio otro chistoso llamó "Pernochet" al ex jefe de Estado cuando éste envió sus condolencias a los familiares de las víctimas del terremoto de 1985? En La Época escribieron "el fleto" Brad Pitt y "el pelao" ministro de Obras Públicas y no pasó nada. A un prensista de La Tercera no lo convenció el titular "El campeón, Antuofermo", dedicado al boxeador chileno Vito Antuofermo, y lo cambió por un más verosímil "El campeón actuó enfermo". La Segunda derrocó a Noriega el 3 de octubre de 1989, pero el ex dictador se encargó de desmentir la información horas más tarde apagando violentamente todos los focos de la rebelión. Este mismo vespertino públicó en 1982 una carta al director firmada por la inmigrante yugoslava Onisesa Tehconip, cuyo nombre leído al revés destapó una caja de truenos. ¿Alguien se acuerda acaso? La lista de ejemplos podría continuar interminablemente. La actualidad es un insumo demasiado caprichoso como para que los productores de noticias lo tengan absolutamente bajo control. Los accidentes son inevitables. Si no, no serían accidentes. Le pueden ocurrir a cualquiera.
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1 comentario:
¿Así que Noriega y Stalin son dictadores, pero Pinochet fue apenas un "ex senador vitalicio" y Hitler tan sólo un "lider nazi"? Cómo se nota que el que escribió la nota bo sólo es más chanta que los periodistas de los que habla (por ejemplo, el párrafo del fusilamiento inventado por la revista Vea se repite más adelante), sino que más encima es un facho apologista.
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