"Interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido a los hechos noticiosos que llegan en forma aislada. Situarlos en un contexto, darles un sentido y entregárselo al lector no especializado. Por exigencia profesional, además, esta interpretación debe tratar de prescindir de opiniones personales, debe basarse en hechos concretos y opiniones responsables y que sean pertinentes y debe ser presentada en forma amena y atractiva".
"Los periodistas no sólo reproducen lo que ven y oyen, ejercen también una investigación sobre lo acontecido porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y política concreta. Los hechos no surgen aislados de una realidad más amplia, se insertan en ella..."
El Periodismo Interpretativo nace cuando Briton Hadden y Henry Luce crearon la revista Time en EE.UU. con el propósito de "organizar, clasificar y explicar las noticias de la semana". La idea fue y sigue siendo la misma: darle al lector el "hilo conductor" de los acontecimientos, poner ante sus ojos la intrincada red de los hechos noticiosos que día a día fueron ocurriendo durante la semana, pero que al final de ese período se enlazan o entretejen.
La fundación de este semanario en la década de 1920 coincide con el impacto de la avalancha informativa por causa de los avances tecnológicos. La cantidad de datos que llegaban al lector era preocupación primordial de los medios de comunicación en EE.UU. La necesidad de organizar y dosificar los contenidos que llegaban al público, sin omitir ninguna parte del espectro noticioso, se hizo evidente. Fue después de la Primera Guerra Mundial cuando los hombres de prensa, al examinar sus productos y las necesidades del público, se dieron cuenta de que algo faltaba. Su búsqueda se vio estimulada cuando, en 1923, dos jóvenes de escasa experiencia periodística pero de amplia visión "inventaron" la revista Time, que se fundó para mostrar el alcance de las noticias, su interpretación, sus implicancias ocultas, su nueva dimensión.
Hacia 1930, esta modalidad se había consolidado en los medios norteamericanos y se concluyó que la "interpretación" era la ilustración de la información a partir de la "presentación de las circunstancias del suceso objeto de la noticia" sin dar opiniones personales sobre ésta para el lector, pero dándole los elementos para que él mismo la evalúe.
Desde la aparición en los Estados Unidos del Periodismo Interpretativo, numerosos fueron los críticos. La cuestión principal era la siguiente: no hay ninguna persona capaz de hacer una interpretación sin que una buena dosis de sus actitudes personales graviten sobre ella.
Los periodistas que practicaban el Periodismo Interpretativo en esa época sólo retrucaban que la objetividad absoluta ante los hechos era imposible, pero que ello no obstaba para dejar de intentarlo.
En el Periodismo Interpretativo podemos distinguir cuatro fases:
1. Investigación. Recopilar la mayor cantidad de información sobre el tema.
2. Dar contexto a esos datos. Ningún hecho noticioso es aislado, tiene antecedentes históricos, explicaciones ocultas o no conocidas, se relaciona con un contexto social mayor y genera consecuencias futuras en la ciudadanía.
3. Análisis. Generar una teoría. Una hipótesis sobre el tema y comprobarla (o no) a través de opiniones externas al periodista. Llegar a una conclusión sobre esa tesis. Luego de manejar la mayor información posible, se debe salir a la calle, entrevistar a las fuentes y procurar estar en el lugar de los hechos para ser capaz de describir con objetividad.
4. Relato. Elegir un tipo de narración entretenida y amena para al lector. Se debe elegir un tipo de narrador, el punto de vista (y entregar a través de este una jerarquización de la información según su importancia) y focalizarse en los datos más atractivos. Se pueden usar diálogos para darle realismo al relato, descripciones muy detalladas y un lenguaje coloquial. Asimismo, el periodista asume mayor protagonismo que en el periodismo convencional, ya que da su descripción o visión personal de los acontecimientos, aunque intenta hacerlo de la forma más objetiva posible. La idea es que la historia se relate como si fuera un cuento o una pequeña novela, siguiendo el ejemplo del Nuevo periodismo que marcó la renovación del Periodismo Interpretativo. Esta es una corriente periodística nacida en los años 1960 en los EE. UU. en el contexto de los cambios sociales y culturales que se vivieron en esa época. Surgió a raíz de la publicación del libro A sangre fría, de Truman Capote, novela de no ficción donde se combinaban elementos literarios con otros propios de la investigación periodística. Los principales exponentes del Nuevo periodismo fueron Tom Wolfe (La hoguera de las vanidades), Norman Mailer y Hunter S. Thompson (Panico y locura en Las Vegas). Este último también creó uno de sus subgéneros que se conocería con el nombre de Periodismo gonzo.
El Periodismo gonzo es un estilo de reporteo, sub-género del Nuevo periodismo, que plantea un acercamiento directo a la noticia, llegando hasta el punto de influir en ella, y volviendo al periodista en parte importante de la historia, como un actor más; también suele dar mucha importancia a la descripción del ambiente en que ocurren los hechos. El término se usó especialmente para describir el distintivo estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson.
Nacido en Louisville (Kentucky) en 1937, H.S. Thompson mismo señala haber pasado buena parte de su juventud en la cárcel. Terminada la secundaria, se hizo reportero deportivo de un pequeño diario de la Fuerza Aérea con base en Florida.
Entre los trabajos periodísticos que tuvo más tarde se incluye una corresponsalía en Puerto Rico para el New York Herald Tribune.Fruto de esa experiencia nace El Diario del Ron, novela que se publicaría sólo en 1967.
Otro de sus trabajos, para la revista Scanlon, dio pie a lo que se etiquetó como periodismo "gonzo", donde el cronista se convierte en protagonista de su crónica: con ocasión del Derby de Kentucky, se vio presionado por la hora de cierre y mandó tipear sin más las notas que tomó apuradamente. Pensaba que lo iban a echar, pero el efecto fue el contrario.
A fines de los '60, la fama de Thompson se extendía en la contracultura de EE.UU. En 1969, se convirtió en uno de los redactores jefes de Rolling Stone, revista en la cual publicó, tres años después, un artículo que se convirtió en libro: Miedo y Asco en Las Vegas, llevado al cine en 1998 por Terry Gilliam, con las actuaciones de Johnny Deep y Benicio del Toro.
Al inicio del texto, cuya excusa es un viaje a la Ciudad del Juego para hacer un artículo pedido por una revista deportiva, Thompson describe el increíble arsenal de drogas que lleva en su descapotable por el desierto, de las cuales empieza a dar cuenta junto a su acompañante no bien iniciado el camino.
"El mejor libro de la década de las drogas", según el New York Times, este texto intenso y entretenido consolidó a un cínico hedonista, que al año siguiente dio otro golpe a la cátedra con Fear and Loathing: On the Campaign Trail '72, sicodélico reporte de la campaña demócrata.
Veinte años más tarde, publicó un libro sobre la campaña de 1992, sin esconder su favoritismo por Clinton. Eso sí, hasta el fin fue imprevisible: miembro de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y amigo del ultraderechista Pat Buchanan, se decía que su casa estaba fortificada y llena de armas. Al menos había una, aquella con que se dio muerte en 2005. Se suicidió mientras hablaba por teléfono con su esposa.
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